Basta de Épica

Escribo esto mientras la noticia de la internación de NK inunda los medios, los canales, el féisbu y el twitter. Y todos estos canales de comunicación horizontal, militante y también periodística transpiran de “aguante”, y de “épica”. El tipo internado dispara chorreras de “fuerza Néstor”, y “Vamos!” y cosas así. Como si la suerte del tipo que está internado dependiera de mensajes de texto, y de posteos y de twiteos. Yo no sé si seré o un insensible o un cínico, pero de veras que me siento incapaz, absolutamente incapaz, de compartir o empatizar con esa “corriente expresiva”. Por suerte la presidente es Cristina, y no Néstor, porque Cobos sigue ahí, y todavía falta un año para las elecciones, y en los pasillos de los cuarteles jenízaros más de uno ya debe estar expeculando con un remix del “efecto carótida”, cuando lo que debiera estar en danza en todo caso es lo contrario, es decir, la endeblez de un proyecto cuya aparente piedra angular resulta tan vulnerable a los picos de presión. Pero es como si nada, y los muchachos tienen que hacer la peregrinación a la puerta del lugar, y mostrarse, y especular, y desmentir o ratificar, y pasar el dato –posta loco- en confianza, porque a mí me lo dijo mengano o zutano –¿viste bobo, que yo tengo línea directa con mengano o con zutano?- y lo que pasó es esto y aquello. Y yo creo que no necesitamos tanta épica, que no necesitamos de nada de épica, que ya está, que sí, como dice Luciano, ya está amortizado. Que necesitamos Paz y Administración, y consolidar lo verdaderamente importante y sustancial. Escucho “épica” y me resuenan las películas ésas de los 60’ en cinemascope, las históricas, de romanos y de Grandes Batallas finales. En ésas “épicas” siempre hay un clímax de Grandes Batallas finales. Y la Argentina, el peronismo, la gente, el pueblo, creo -humildemente- que más que Grandes Batallas finales requiere de sostener lo que anduvo y resolver cuestiones que poco tienen de épicas. Quizá sea mucho más importante lograr que la garrafa de gas llegue adonde tiene que llegar a un precio accesible que consumar la Gran Batalla final contra Clarín. Sí, sí, los tipos te van a salir con que los poderes fácticos, y que si se les da la estocada ahora después esto y lo otro. Pero al tipo que lo esquilman con la garrafa, y que nos tiene que votar el año que viene puede pensar –con toda razón- que si se puede dar la Gran Batalla final contra Magnetto, Clarín y la sinarquía, porqué no se podrá conseguir algo mucho más sencillo como es que no lo esquilmen con el precio de la garrafa. Y todo el sainete alrededor del tipo internado –que también tiene mis plegarias, obviamente- tiene demasiados visos de sobreactuación, de exhibicionismo, de vedettismo: mucho tiempo pasó ya con internas de pasillo, en disputas por metros cuadrados de despacho, mientras afuera –y no tan lejos- la calle y el territorio vivían su vida, pletórica de vitalidad, como siempre, resolviendo su subsistencia material y política por sus propios medios. Pero igual aparece como una compulsión de mandar el “aguante Néstor”, quizá hay toda una franja militante demasiado “conectada” (ja, y lo digo yo, justamente), demasiado voraz por la precisa, como un acto reflejo del periodismo más amarillo. Está bien, loco, todo esto preocupa, pero no podemos hacer nada, ni está en nuestras manos, ni movemos el amperímetro de nada con tanta barahúnda, sinceremos, si de ánimo se trata tomémonos de las manos y recemos, no le hagamos creer a nadie que esto es militancia.

Published in: on septiembre 12, 2010 at 2:06 am  Comentarios (7)  
Tags: ,

La interna de la CTA

La interna de la CTA tiene todos los visos de ser un proceso autodestructivo. Ni siquiera de suma cero.

Cualquiera de las dos facciones que predominen en la contienda electoral difícilmente pueda obtener una legitimación profunda del resultado. El corte al interior de la central -entre más oficialistas y más opositores- es transversal, aunque pueda aparecer como recortado entre los dos grandes gremios que la componen (ATE y CTERA).

En todo caso, de ganar la interna la facción socialcristiana -oposicionista al gobierno nacional- la deriva esperable es hacia una paulatina limpieza “étnica” de kirchneristas en los ámbitos orgánicos que conduce. Tarea que, por otra parte, ya viene llevando a cabo, eso sí, muy “democráticamente”.

Pero esta interna, cruzada por la política y el alineamiento respecto del proceso kirchnerisa, quizá termina por ocultar el fracaso estratégico de la nueva central obrera.

Se trata de un fracaso más profundo, y que se verifica en términos estructurales e históricos (la central comienza su proceso de existencia allá por el año 91′).

Los fundamentos legitimantes de una nueva central obrera, su razón de ser, no pasaban, ni pasan, por la democracia interna (es elegante pero deshonesto denunciar la falta de democracia cuando uno es opositor interno, y ejercer el despotismo sindicalero cuando se conduce), ni por la independencia/pluralidad político-ideológica, ni por la mayor o menor “combatividad” de la acción gremial, ni por la pretensión de representar segmentos de la clase trabajadora huérfanos de organización (la CTA hizo bastante cuando se volcó a construir la FTV en los territorios, pero no fue ni la única, ni la más exitosa, ni mucho menos tuvo/tiene la exclusividad de tal representación). El fonde y la sustancia es y debiera ser otro.

El fundamento legitimante de una nueva central obrera es -y lo fue en el caso de la CTA- no otro que el replanteo gremial y político de la relación entre trabajo y capital. El resto es secundario y accesorio.

Y los fundamentos de la CTA realizaban un análisis de la metamorfosis del capital ocurridos durante las anteriores décadas en la Argentina, y de su corelato, los modos de representación de los trabajadores y su capacidad para disputar la apropiación del excedente.

Así pues se reivindicaba el “modelo sindical” histórico del peronismo, puesto que no sólo había sido exitoso en la disputa distributiva, sino que se adecuaba a la estructuración del capital en tiempos de la Industrialización Sustitutiva. Esto es, el Movimiento Obrero Organizado se asentaba, numérica y cualitativamente, en los grandes gremios industriales y de servicios que resultaban ser, a su vez, motores estratégicos de la actividad económica en la Argentina industrial. Su correlato -el capital- tenía un modo de inserción y de organización empresaria que la situaba en una posición de relativa debilidad en comparación con la calidad y centralización organizativa y política del MOO. Esto explicaría, además, los niveles de participación en la distribución del ingreso alcanzados a lo largo de la ISI.

Como el quiebre político y económico de la dictadura del 76′ terminó remodelando el paisaje del capital, generando (en lectura basualdiana) un proceso simultáneo de diverisificación y concentración del capital, la organización centralizada por rama industrial del viejo modelo, ya no resultaría eficaz a la hora de dar la disputa económica.

Si durante la ISI confrontaban gremios por rama de la producción altamente organizados y centralizados, contra una organización empresaria atomizada y débil de representación, en el nuevo escenario posterior a los ajustes estructurales, se encontraban a la mesa gremios debilitados en sus bases, y vulneradas las ramas de la aproducción en que se asentaban, con grupos empresarios altamente diverisifcados y a la vez integrados, con capacidad de movilizar su capital entre ramas y sectores de la producción, y con un modo de inserción en la producción subordinado a la lógica financiera.

Las discusiones más estratégicas de la CTA fundacional hacían hincapié en este diagnóstico, y se proponían refundar un MOO atendiendo a él.

Tal análisis constituye, a mi humilde parecer, el fundamento más serio y perdurable que pudo haber formulado la nueva central. Por lo tanto es desde allí que debe hacerse el balance histórico de su recorrido (la CTA va a cumplir el año que viene 20 años de trayectoria).

A la vuelta del camino, pues, la CTA sigue siendo un confederación de gremios estatales. Sólo en alguns casos más “combativa” que sus homólogos cegetistas, con exigua representación de gremios del sector privado, y experiencias marginales de nuevos sindicatos indsutriales, muchas veces volcados a la llamada “economía social” más que a disputar verdaderamente su representación sectorial a la CGT.

Podrá aducirse que el Estado, las empresas y la CGT han sido consecuentemente hostiles a estas líneas del proyecto ceteaísta, pero… ¿se esperaba otra cosa? Es facilismo puro echarle la culpa al oponente y al arbitraje, pero ello no puede esconder los déficits del propio juego.

Esta breve reflexión, desde ya, no agota, ni mucho menos, el debate en torno a la novedosa experiencia que constituyó la CTA, pero me pareces que estos son trazos fundamentales, sobre todo porque fueron razones fundantes del origen de la central.

Mucha tela hay para cortar al respecto, sobre todo en lo que hace a la constitución identitaria, a las filiaciones históricas que con el tiempo fueron decantando en su interior, a la negación -casi gorila- del peronismo y al progresismo descafeinado que primaba -y prima- en sus componentes hegemónicos. De igual manera, mucho hay para decir sobre sus más estruendosos fracasos políticos (Frepaso, Alianza, 2001 y 2002, etc.).

Sólo a modo de anécdota recuerdo que -junto a otros compañeros- fuimos “retados” y censurados por ciertos dirigentes sólo por cantar la marchita bajo la bandera de la CTA.

Published in: on agosto 6, 2010 at 2:31 pm  Comentarios (2)  
Tags: ,

Minería y financiamieno universitario

La otra noche el amigo y compañero Científico Repatriado por el Gobierno se despachó con una observación luminosa, brillante. Amerita reproducirla.

Resulta que hay algún barullo en el CIN –el Consejo Interuniversitario Nacional- por unos fondos procedentes de las regalías mineras. El asunto es largo y entreverado, trato de hacerla corta. Resulta que hay una tarasca importante que la empresa que explota el yacimiento minero de Bajo La Alumbrera transfería a la Universidad de Tucumán. Esa Universidad había sido copartícipe de la exploración del filón minero. De allí es que participaba en una porción de las regalías. Pasado cierto tiempo, la biyuya pasaba a integrar los recursos del sistema universitario in toto, es decir, adminstrado por el CIN. Hasta allí mas o menos la historia como me fue relatada por el Científico Repatriado por el Gobierno.

El barullo viene a cuento porque, ante esta situación, un nutrido sector de la progresía universitaria comienza a rasgarse las vestiduras con estrépito de escándalo moralizante. Como si el mismo Belcebub hubiera irrumpido en el más sagrado de los templos profanando la inmaculada virtud de las vestales del conocimiento crítico.

Uno se pregunta ¿y cuál es el problema? ¿Acaso el giro de esos recursos va condicionado a que dichas universidades orienten sus planes de estudio y líneas de investigación hacia temáticas ligadas a la horrible minería? Parece que no. ¿Entonces?

La respuesta luminosa del amigo Científico Repatriado por el Gobierno, pues, fue luminosa.

¿Acaso el Sistema Universitario no se financia con las rentas generales del Estado Nacional? ¿Y de dónde carajos sale esa guita?

La progresía universitarian no tiene los mismos reparos morales con que sus recursos provengan, por ejemplo, de las retenciones a la soja. Dinero malvado este si lo habrá, que viene chorreando glifosato, desmontes, y expulsión de la población rural.

Tampoco a la progresía universitaria se le mueve un pelo, de los muchos y velludos que le suelen asomar, porque su financiamiento provenga del IVA, que como todos sabemos -y especialmente la progresía universitaria- es un malvado impuesto que este gobierno conservador insiste en seguir cobrándole a los más pobres.

La progresía universitaria padece -de hace mucho- de una notoria propensión a las imposturas. Esta es tan sólo una más.

Acaso habría que proponerles una reformulación más moralizante y adecuada a sus estándares de purismo.

Digamos, de cada 100 mangos que perciben de sueldos, dedicaciones y becas, calculemos qué porcentual dellos provienen de rescursos tributarios considerados indignos y malos -según la estructura recaudatoria- y que perciban sólo aquellos pesos cuya fuente son impuestos piolas y progresistas -ganancias de personas físicas y jurídicas, un suponer- y de esa manera les podríamos ofrecer una inmejorable oportunidad para hacer gala de consistencia moral.

Presumo que, como es fácil de imaginar, la propuesta no recogería muchas adhesiones. Repudiar esos fondos queda lindo, más aún en estos tiempos de abundancia presupuestaria, las carencias -muchas seguro- que podrían mitigarse con esos recursos… ¡qué importa! Total, la política universitaria -no sólo la estudiantil, fundamentalmente la izquierdista- ha sido siempre el reino de la irresponsabilidad y la impunidad.

Yo, por mi parte, luego de haber andado por los pedregales más desolados de la Provincia de San Juan, banco la minería, pero eso es tema para otro día.

Published in: on noviembre 16, 2009 at 1:32 pm  Comentarios (2)  
Tags: ,
Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.