Basta de Épica

Escribo esto mientras la noticia de la internación de NK inunda los medios, los canales, el féisbu y el twitter. Y todos estos canales de comunicación horizontal, militante y también periodística transpiran de “aguante”, y de “épica”. El tipo internado dispara chorreras de “fuerza Néstor”, y “Vamos!” y cosas así. Como si la suerte del tipo que está internado dependiera de mensajes de texto, y de posteos y de twiteos. Yo no sé si seré o un insensible o un cínico, pero de veras que me siento incapaz, absolutamente incapaz, de compartir o empatizar con esa “corriente expresiva”. Por suerte la presidente es Cristina, y no Néstor, porque Cobos sigue ahí, y todavía falta un año para las elecciones, y en los pasillos de los cuarteles jenízaros más de uno ya debe estar expeculando con un remix del “efecto carótida”, cuando lo que debiera estar en danza en todo caso es lo contrario, es decir, la endeblez de un proyecto cuya aparente piedra angular resulta tan vulnerable a los picos de presión. Pero es como si nada, y los muchachos tienen que hacer la peregrinación a la puerta del lugar, y mostrarse, y especular, y desmentir o ratificar, y pasar el dato –posta loco- en confianza, porque a mí me lo dijo mengano o zutano –¿viste bobo, que yo tengo línea directa con mengano o con zutano?- y lo que pasó es esto y aquello. Y yo creo que no necesitamos tanta épica, que no necesitamos de nada de épica, que ya está, que sí, como dice Luciano, ya está amortizado. Que necesitamos Paz y Administración, y consolidar lo verdaderamente importante y sustancial. Escucho “épica” y me resuenan las películas ésas de los 60’ en cinemascope, las históricas, de romanos y de Grandes Batallas finales. En ésas “épicas” siempre hay un clímax de Grandes Batallas finales. Y la Argentina, el peronismo, la gente, el pueblo, creo -humildemente- que más que Grandes Batallas finales requiere de sostener lo que anduvo y resolver cuestiones que poco tienen de épicas. Quizá sea mucho más importante lograr que la garrafa de gas llegue adonde tiene que llegar a un precio accesible que consumar la Gran Batalla final contra Clarín. Sí, sí, los tipos te van a salir con que los poderes fácticos, y que si se les da la estocada ahora después esto y lo otro. Pero al tipo que lo esquilman con la garrafa, y que nos tiene que votar el año que viene puede pensar –con toda razón- que si se puede dar la Gran Batalla final contra Magnetto, Clarín y la sinarquía, porqué no se podrá conseguir algo mucho más sencillo como es que no lo esquilmen con el precio de la garrafa. Y todo el sainete alrededor del tipo internado –que también tiene mis plegarias, obviamente- tiene demasiados visos de sobreactuación, de exhibicionismo, de vedettismo: mucho tiempo pasó ya con internas de pasillo, en disputas por metros cuadrados de despacho, mientras afuera –y no tan lejos- la calle y el territorio vivían su vida, pletórica de vitalidad, como siempre, resolviendo su subsistencia material y política por sus propios medios. Pero igual aparece como una compulsión de mandar el “aguante Néstor”, quizá hay toda una franja militante demasiado “conectada” (ja, y lo digo yo, justamente), demasiado voraz por la precisa, como un acto reflejo del periodismo más amarillo. Está bien, loco, todo esto preocupa, pero no podemos hacer nada, ni está en nuestras manos, ni movemos el amperímetro de nada con tanta barahúnda, sinceremos, si de ánimo se trata tomémonos de las manos y recemos, no le hagamos creer a nadie que esto es militancia.

Published in: on septiembre 12, 2010 at 2:06 am  Comentarios (7)  
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¿Y si no pasamos a la 2ª vuelta?

Ver ACA el informe completo

El escenario es contundente, contra Hannibal Lecter o Piñón Fijo. Néstor pierde.

Me dirán que falta todo el 2010, que en el medio estará el despliegue de una renovada agenda “progresista”, que está la Asignación por Hijo, que la recuperación económica de acá al 2011…

Muchachos, la verdad, cuesta ver cómo se puede cerrar esta brecha, esta fractura, que pareciera tener connotaciones ya más culturales que políticas o económicas.

Cuesta imaginarse que, aunque la economía crezca nuevamente al 9% anual, se pueda revertir la aversión a la persona de Néstor que reflejan estos números.

Podemos cuestionar los números, claro, e imaginar una realidad idílica coincidente con nuestros deseos. Es una elección. Y hasta respetable, reconfortarse pensando que llegaremos salvos a New York para que sea menos angustioso el tiempo de espera del témpano y la hora de subir a los botes.

También, en esa postura, se puede terminar como la orquesta, continuar tocando hasta que el agua comienze a mojar los zapatos… y ya no haya botes. Heroico, sin dudas, la épica de aguantar los trapos hasta el último cartucho seduce.

En el medio aparecerán -ya aparecen- los auditores de la duda. Aquéllos dispuestos a repartir -simbólicos- tiros en la nuca de quienes duden del rumbo, de quienes afirmen ver el témpano en el horizonte, de quienes adviertan que el agua ya va llegando a la cubierta.

Sí, son lo que dirán que la culpa la tuvo el témpano, no el rumbo, ni la velocidad, ni la escasez de botes.

Pero lo que está en juego es mucho más importante.

Está en juego el riesgo enorme de un gobierno de Cobos en el 2011.

Un gobierno gelatinoso. El sustento político de la gobernabilidad de Cobos hace que, en comparación, la Alianza que entronizó a De La Rúa parezca el Partido Bolchevique.

Un Gobierno delante del cual formarán en prieta fila las Corporaciones munidas de sus pliegos de demandas.

La cúpula empresaria pedirá el dólar a 6 mangos, los componentes de la Mesa de Enlace irán con la tijera de podar por las retenciones, y los “mercados” ofrecerán seductores combos de plazos y tasas para reinsertar a nuestro país en el mundo financiero.

Porque, muchachos, un gobierno de Cobos deberá administrar la resultante de todas esas tajadas. Deberá administrar el ajuste del gasto público.

Asusta proyectar las secuelas del daño social que puede causar.

Y nosotros, muchachos, no vamos a estar ordenando filas disciplinadamente esperando el clarinazo de la contraofensiva, conducidos por el ex-presidente patagónico.

Nosotros habremos sido derrotados.

Ni hablar si llega a estar en riesgo la Provincia de Buenos Aires.

El peronismo entrará en una más de sus revulsiones históricas.

Sí, podemos cuestionar estos números que ilustran el inicio. Podemos imaginar que todo es tan volátil… que el peronismo seguirá a Néstor aún y a pesar de sí mismo, porque otro no hay. Podemos hilar conspiraciones encuestológicas, podemos insinuar en voz baja y con tono de avivado la posta sobre estos números.

Al respecto, tengo un deyavú.

Esas especulaciones ya las hicimos antes del 28J.

Y perdimos.

La solución, el recaudo estratégico, la incógnita a despejar, será peronista o no será.

La discusión no pasa por el panglossiano “cómo seguir avanzando”, sino más bien, cómo evitar el daño y sostener algunos de los pilares del proceso.

Poco más.

Published in: on diciembre 14, 2009 at 4:05 pm  Comentarios (10)  
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Gobernadores, provincias y recursos naturales

Paisaje de Calingasta

Supongamos una provincia argentina extremadamente árida, con sólo algunos pocos rincones donde el agua y la tierra se conjuran para florecer y brindar algo más que estepa y desolación.

Supongamos también que bajo la tierra se encuentran encerrados inusuales volumenes de recursos naturales no renovables: riqueza.

Supongamos que, dado ese cuadro, y puesto que la tarasca necesaria para explotar esa riqueza del subsuelo es enorme y de difícil atracción, pocas son las posibilidades de la administración subnacional para impulsar el desarrollo de su economía y su sociedad.

Supongamos que, por tanto, ese distrito subnacional sólo cuenta con la inversión pública financiada por el estado nacional, y con esquemas tributarios de promoción a determinadas actividades empresarias, como motor del desarrollo local, como palanca para el desarrollo de infraestructura, como recurso para contrarrestar la emigración de su población y, acaso, impulsar la inmigración.

Supongamos ahora que tenemos dos provincias argentinas que comparten estas características.

Supongamos un último atributo, en este caso referido a los titulares del poder ejecutivo estadual. Supongamos que en ambos casos, y desde diferentes lugares, se les suele imputar a ambos mandatarios la colusión con los intereses privados que explotan su riqueza natural, la hechura de instrumentos jurídicos “facilitadores” del establecimiento o reconversión de las empresas del ramo.

Hasta allí, supongamos.

Hasta allí el juego de las semejanzas, de aquí en más veamos las diferencias.

En una de las provincias el proceso de inversión para la explotación de sus riquezas subterráneas arranca hace un siglo, ni bien se supo que ellas existían, y ese proceso tuvo la virtud de converger con robustas consideraciones geopolíticas y estatégicas que determinaron una diversidad de instrumentos para fomentar la población de su territorio y la extensión de su infraestructura.

En la otra de las provincias el conocimiento de las potencialidades de su subsuelo se remonta a los tiempos en que la corona española regía los destinos de estas tierras. Sólo que por causas diversas, históricas y políticas, económicas y estructurales, nunca se produjo el desencadenante de las grandes inversiones para explotarlas. La geología, los mercados internacionales donde se determinan los precios, los marcos jurídicos, la infraestructura provincial, las volatilidades propias del país -en lo que refiere al regimen cambiario, esquema macroeconómico- y un largo etcétera, hicieron que nunca convergieran capitales de las dimensiones necesarias para la empresa de sacar esas riquezas del subsuelo.

Así, en una de las provincias, la explotación de los recursos del subsuelo fue, desde el inicio de su poblamiento, motor de su desarrollo y atractivo para la inmigración. El particular recurso natural no renovable que se explotaba llegó a formar parte de su identidad regional. Si no hubiera estado esa formidable palanca de desarrollo, su territorio difícilmente hubiese tenido otro horizonte que la agricultura extensiva, alguna agricultura intensiva y el turismo, bendecido este último por la alta valoración de sus paisajes.

La otra provincia, vegetó durante décadas y décadas, animada únicamente por una agricultura intensiva que requería de una continuada inversión pública en sistemas de regadío. Los pedregales lunares que conforman gran parte de su extensión –inapta por demás para toda otra explotación agropecuaria viable- veían pasar soles e inviernos uno tras otro sin que la riqueza contenida en su subsuelo fuera apenas hollada.

De vuelta a las semejanzas, durante los noventa ambos distritos fueron afectados por las reformas estructurales que trastrocaron, en su esencia, buena parte de lo instituido y pensado como inamovible durante los tiempos de la industrialización sustitutiva.

En una de las provincias, se operó un desplazamiento, desde el estado al capital privado extranjero, en la explotación de sus recursos naturales no renovables.

En la otra se promovió decididamente el ingreso de capital privado extranjero especializado en la explotacíón de sus recursos naturales no renovables, sepultados desde hace millones de años y desaprovechados hasta entonces.

En ambos casos, como refería más arriba, diversas voces les imputaron a los respectivos mandatarios provinciales corruptelas y complicidades infamantes con los actores privados.

Hasta aquí la historia parece sincrónica, pero no lo es.

Uno de los mandatarios provinciales llegó a ser Presidente de la Argentina, conductor de un proceso político con evidentes rasgos refundacionales. O, como en toda salida de una crisis profunda, dejando una clara huella en el ciclo de recomposición de la política, y de la economía. Llegó también a ser la referencia indiscutida de un nuevo momento en la vida del peronismo, desencadenando un revulsión de identidades, de trayectos históricos: el revival Nac&Pop, setentista (nos gobierna la dirigencia de los 70’, es un dato no trivial). La adhesión a su persona y a su proyecto se estira todo lo más a la izquierda que ha logrado un liderazgo peronista (exitoso) desde que Ezeiza cerrara con candado -para aquella generación- las puertas del Palacio de Invierno.

Para esa franja heterogénea, Nac&Pop, de Izquierda Nacional, de centroizquierda, progresista, el trayecto pasado de su conductor, su entrevero con el capital privado, extractor de recursos naturales no renovables, no aparecen como significativas. No fungen de prueba fehaciente para una condena moralizante. Importa la encarnadura del proyecto presente. El éthos del Nac&Pop contemporáneo, nutrido con saludables -acaso justas- dosis de realpolitik, admite hacer balance entre lo pasado, con sus márgenes de posibilidad, con los márgenes de posibilidad que suele tener un madatario provincial periférico, y la eficacia del presente.

El otro mandatario es -convicción unánime de la Sociedad Popular- la mejor alternativa, y quizá la única, para que en 2011 tome el relevo un nuevo gobierno peronista. Un nuevo ciclo, sin dudas, seguramente con menos épica que el que ahora encuentra su ocaso, pero muy posiblemente -y es lo que cuenta- eficaz.

El Nac&Pop, la izquierda nacional, el centroizquierda progresista, que tan festivamente acompañó el proceso patagónico, ¿le “perdonará” igualmente al otro mandatario esos “pecadillos” a que debe recurrir para proveer al desarrollo de su pedregoso y estéril territorio?

¿Se trata sólo de que la retórica, el folklore y lo simbólico son la prenda de cambio para que el balance entre el presente y las -pretendidas- colusiones pasadas sea generoso y bonachón?

¿Los DDHH terminan balanceando el contrapeso de quienes fueron activos operadores de la privatización de YPF?

¿El lugar común, instalado por la progresía documentalista, de que la minería es maléfica, será más importante que la enajenación del petróleo?

¿Será más importante la tranquilidad moral de factura porteña que la brutal importancia de lo que se juega en 2011?

Para bien o para mal, es muy posible que el ciclo de Néstor ya fue (aunque eso es materia para otra nota).

El peronismo que puede representar una continuidad con cambio -insoslayable- no tiene muchos jugadores de recambio.

Uno de esos pocos, si no el único, es Gioja.

Published in: on noviembre 30, 2009 at 2:24 pm  Comentarios (1)  
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Un Omnitrix para el Justicialismo

ben10poderalie

Quien vaya a leer esto, tenga en cuenta la siguiente advertencia: si no tiene guachines –hijos, sobrinos o afines- entre los tres años y la preadolescencia, no va a entender un pomo. Me voy a explayar para que no queden tan en bolas.

Ben 10 es una serie animada que dan por el Cartoon Networks. Trata de las aventuras y desventuras de Benjamin Tennyson (Ben), su prima Gwendolin Tennyson (Gwen) y el abuelo Max Tennyson.

Resulta que Ben sale de vacaciones con prima y abuelo, y en un camping “encuentra” un extraño objeto caído desde el cielo dentro de una cápsula alienígena: el Omnitrix (retengan este concepto), que a primera vista parece similar a un reloj, y se “prende” a su muñeca izquierda cuando acerca su mano para agarrarlo. A lo largo del desarrollo de la serie va descubriendo los extraños poderes del misterioso aparato. ¿Cuáles son?

Bueno, parece que el Omnitrix contiene dentro de sí una variada colección de ADN’s de distintos seres alienigenas, extraterrestres. Activando el aparato, y en medio de un destello de rayos verdosos, Ben se transforma en esos alienígenas. Y tiene sus “poderes”. Son varios los bicharracos, la mayoría bastante grotescos: Fuego, 4 Brazos, Bestia, Ultra T, XLR8, Insectoide, Acuático, Materia Gris, Fantasmático y Diamante (me salieron todos de memoria y sin soplar… he tenido que ver cada capítulo como quichicientas veces).

Luego aparecen más criaturas. Porque uno de los secretos del Omnitrix es que incorpora el ADN de cualquier alienígena que lo toca.

Todos los villanos de la serie (que son abundantes) en algún momento tratan de quitarle el Omnitrix a Ben. Porque el Omnitrix resulta ser el arma más poderosa del universo… quien posea ése aparato, con sus secretos, tendrá a su disposición, a todos los efectos prácticos, una legión de alienígenas a disposición, para usar según su conveniencia.

Pero Ben utiliza los poderes contenidos en el artefacto para hacer el bien. Para combatir a los supervillanos, los malandrines y hasta a los ladrones de poca monta. Aunque… Ben es un preadolescente, y a pesar de ser guiado y aconsejado por la sensatez de su abuelo Max, y la racionalidad de su prima, la nerd Gwen, a veces, a veces… utiliza el poder del Omnitrix para transformarse en alienígenas que le permiten cometer algunas trapisondas, cosas de chico, pequeñas ventajas, prebendas… travesuras.

Todo, todo, pero todo, pensado marketineramente, para asociar las aventuras de Ben a la venta de un incomensurable merchandising. Pero no es el punto.

El punto es cómo funciona el Omnitrix.

El artilugio, creado por Azmuth –un pequeño alienígena que, luego de construirlo se autoexilió a las profundidades de un planeta desconocido- tiene un funcionamiento en apariencia simple. Ben presiona alguno de sus botones, la esfera del aparato se activa, y luego girándolo van apareciendo las siluetas de los diversos alienígenas disponibles, una vez seleccionado uno, un golpe con la palma de la mano sobre la esfera dispara la transformación.

A veces el Omnitrix no funciona exactamente según la voluntad de Ben. A veces Ben selecciona un alienígena pero, misterios del aparato, el resultado es otro. Contingencias que suelen desconcertar al chico. Otro sutil detalle es que la transformación alienígena dura un tiempo limitado, y luego Ben regresa a su condición humana.

Hasta aquí la reseña descriptiva. Ahora vamos a los dos casos que me interesan.

En un episodio Ben conoce a Kevin. Otro muchacho, más grande que Ben y con muchos menos escrúpulos. Sucede que también posee ciertos “poderes”, dados estos por la naturaleza y los accidentes genéticos. Kevin tiene la capacidad de manipular la electricidad, y la utiliza para hacer maldades de variado calibre, grueso a veces. Afanos, venganzas, en fin, es un mal tipo, peligroso, mala junta.

Y Ben, enojado por alguna reprimenda de su abuelo Max, se va de correrías con el fierita, hasta que empieza a meterse en cosas que no le gustan nada. Ben podrá ser rebelde y hasta caprichoso, pero es buena gente. A partir de ahí se pudre su incipiente amistad con Kevin, y éste último, empleando sus “poderes” absorbe algo de las capacidades del Omnitrix.

Obviamente, la tira no pretende dar explicaciones consistentes, es sólo una aventura para que se entretengan los guachines. La cuestión es que la captura de los ADN’s del Omnitrix es caótica, desordenada, porque Kevin no tiene Omnitrix, tan sólo unos precarios poderes de manipulación eléctrica, no tiene el aparato más sofisticado del universo para administar todo tipo de ADN’s.

A la postre, Kevin se transforma en una monstruosidad, una mezcolanza frankensteiniana de todos los alienígenas cuyos ADN poseía el Omnitrix. Un engendro. No tiene manera de administrar todo el poder que da ese aparato. Y si era un pibe jodido, ahora su monstruosidad también es moral. El tipo deviene una bestia sanguinaria, un supervillano deseoso de venganza y de tiranizar a quien se le cruce.

¿Se entendió?

Una más, en un episodio Ben adquiere la formidable capacidad de transformarse a voluntad. Ya no precisa manipular el aparato cada vez que necesita o desea utilizar un ADN en particular, le basta tan sólo con pensar en él, y la transformación, además, dura todo el tiempo que él lo requiere.

Esa notable versatilidad (pragmatismo si prefieren) potencia enormemente su capacidad de combatir a los supervillanos. El aparato funciona perfectamente coordinado con su mente, se transforma precisamente en lo que necesita, y sólo le basta con pensarlo.

De hecho en ese episodio logra dar cuenta de la conjura de los dos supervillanos más despiadados: Kevin (ya lo conocen) y Vilgax, un bicharraco con cara de pulpo que es EL supervillano por antonomasia de toda la serie.

Bueno, espero que haya quedado todo claro, y que los compañeros peronistas que leen esto se hayan quedado convencidos de incorporar a la serie Ben 10 a todos esos ciclos de cine-debate-formación que se suelen hacer por ahí (y que a veces, reconozcámoslo che, son medio tediosos, demasiado solemnes, como con poca onda, viste?).

¿Alguien todavía se pregunta el porqué del título, y que corno tiene que ver toda perorata con el justicialismo?

Puf, no quiero explicarlo todo…

El proyecto de Reforma Política, che, ¡¡¡es evidente!!!

PS: si quieren estudiar más deben clickear AQUÍ.

Published in: on noviembre 10, 2009 at 3:26 pm  Comentarios (3)  
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3 sueños

Hoy elucubramos tres sueños, tres escenarios, tres ficciones, alegorías, metáforas.

Bah, me parece que fueron tres, o quizá tengo en memoria las tres que más me gustaron.

Una es puramente mía, y la vengo vendiendo hace bastante (un mes?).

Todos sabemos que el Capitán Ahab, capitán del barco ballenero Pecquod, estaba colifa con que quería atrapar a Moby Dick, la Gran Ballena. El libro me aburrió (cuando tenía 15 años), la peli, vieja peli, con Gregory Peck en el personaje del Conductor Empecinado, es densamente dramática.

La ví hace años, muchos que ya no recuerdo cuántos. Eso es una peli con densidad dramática. Tenés grabadas escenas, tenés grabada una marca de lo que sugería / expresaba / etc. Moby Dick, está por ahí en internel para bajar. Gugleen, véanla.

En el sueño, sueño con la casi última escena de la peli. El Capitán Ahab queda arriba, en el lomo de la ballena, enredado entre las cuerdas de tantos arpones que lleva clavados el animal (sin que nadie pudiera haberla atrapado jamás). Entre ellos el arpón del Capitán Ahab. Y la ballena lo arrastra, los arrastra a todos. Finalmente sucumbe sólo el Capitán, los marineros se salvan en el bote y se toman el olivo en el Pecquod, antes de ver por última vez el grueso cuerpo de Moby Dick emergiendo con el Capitán Ahab atrapado y el rostro desencajado, desorbitado, fuera de sí. Así más o menos es en la peli.

Pero en mi sueño es distinto. El bote queda atado a la cuerda del arpón, y también el Pecquod. Y Ahab al lomo de la ballena. Y ella los arrastra. En la peli soy un marinero más del Pecquod. La ballena nos arrastra, nos sumerge, nos hunde. Todo por seguirlo al Capitán Ahab hasta el último confín de su obsesión. Mi sueño termina así, mientras nos hundimos, mientras los espumarajos de las olas nos devoran, los marineros del Pecquod espantados, pero sin posibilidad alguna de torcer nuestro destino… nos vamos cantando la marchita.

Segundo sueño. Un cortejo fúnebre lleva un ataúd por la calle. Barones y Caciques son los portadores, disputándose las manijas de bronce. Y héte aquí que sucede algo notable. Lo impensado: no lo acompañan sólo hasta la puerta del cementerio, entran al camposanto con paso firme, decidido. Llegan hasta la tumba abierta en la tierra negra. Y vuelve a suceder el absurdo, lo ilógico. Dejan el ataúd en el piso, y uno a uno los Barones y Caciques se arrojan de cabeza dentro de la tumba. Hasta que sólo queda la soledad del camposanto y un sepulturero que cierra sus verjas de hierro. El hombre del ataúd ríe para sus adentro. Afuera hay fiesta en las calles del centro del pueblo.

Tercer sueño. Una conferencia de prensa. El orador habla, profiere, establece, define, convoca. Por detrás de él sentados en el estrado hay un montón de tipos de torvo semblante. No quieren estar ahí. Miran para otro lado. Ocultan sus rostros tras los pocillos de café. No quieren estar ahí. El orador culmina su alocución y se levanta. Un amanuense le alcanza una manguera de extraño aspecto, como las que usaban (en la peli) los bomberos de Farenheit 451. El orador se levanta, toma la manguera, apunta a los tipos sentados detrás de él y los rocía de fuego, de la manguera salen enloquecidas llamaradas. Los tipos comienzan a arder y, como si nada, se levantan de las sillas para sentarse en el piso, ya enteramente en llamas, cruzar las piernas, los codos en las rodillas y prietas las yemas de los dedos, a lo bonzo. El orador finalmente apunta la manguera hacia él mismo y se suma a la hoguera.

Tres sueños. Agitados, ambiguos e inquietantes.

Me despierto sobresaltado, y ahí recuerdo todo lo que hemos discutido sobre los proyectos de reforma polítca, y su consiguiente arquitectura electoral.

Los espectros de los sueños se disipan. Estoy más tranquilo.

Es posible que no salga todo mal.

Published in: on noviembre 7, 2009 at 5:12 am  Comentarios (4)  
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¿Quién discute el post kirchnerismo?

Leemos habitualmente al Escriba, en su -ya tradicional blog- vidabinaria, y ahora en artepolitica. Dice que se trata de discutir el post-kirchnerismo. Claro que desde una mirada superadora. “Progresista”, por llamarle de alguna manera. Con la mirada puesta en avanzar en lo que no avanzó, completar lo que se viene quedando a medias. Avanzar.

Muy lindo. Pero la Sociedad Popular viene registrando, como ayer señalábamos, que el post-kirchnerismo se está discutiendo en otro lado. Y con un contenido mucho, pero mucho menos lírico.

El post-kirchnerismo realmente existente será el duhaldismo resurrecto, con algunos aderezos menemistas a precio de saldo. No necesariamente con las presencias in corpore de los mentados. Sí su contenido.

El post-kirchnerismo no será ni progresista ni de centroizquierda. Cómo podría serlo? Desde qué lugar? Dónde está la fuerza en germen y organización que lo sustituya? Quién podrá amalgamar el liderazgo y la capacidad de alinear la gestión heredada? Quién y desde dónde va a alinear al PJ dentro de un proyecto que exceda al duhaldismo-techint?

Desde un cenáculo de debates? Por favor!

Si la potencia que tuvo el kirchnerismo hasta ahora fue de amplificar su presencia en el arco ideológico, de modo de sentar en la misma tribuna a Hebe y a Curto, de modo de que a la izquierda lo único que quedase fuera el trosco-maoísmo, y a la derecha el liberalismo conservador -por muchos que se esfuerze Macri en populizarse-.

Quién va a sustituir esa red de gobernabilidad que le permitió batallar con los poderes fácticos con quienes confrontó? Quién le va a poder sumar más para “avanzar”? Libres del Sur mas los restos diaspóricos del Frente Grande? Los que están por conveniencia se van a ir a rendir pleitesía al neo pejotismo que se insisnuó con el conflicto ruralista, no van a ir a sumar a un post-kirchnerismo “piola”.

El post-kirchnerismo está dentro, bien adentro, del kirchnerismo. Que tiene bastante porquería, por supuesto, ya lo sabemos. Y mucha de esa porquería en buena hora que esté adentro. En buena hora que todavía no tiene un atractivo por afuera.

En el conflicto con los ruralistas se empezó a decantar, a hacer visibles las apoyaturas. No estuvieron todos en la plaza. El que fue lo habrá visto por sí mismo. Y esa ausencia no se suple con todos los “sueltos” que fueron, aún cuando se los pueda organizar y contener.

Puede ser simpático sentarse a delinear miradas “críticas” sobre el gobierno, quejarse de lo estrecho de su dispositivo político, la carencia de “armados” atractivos para los sueltos. Pero no sirve, no alcanza.

Se terminaron los tiempos de la contemplación. La artillería del enemigo ya comenzó a ablandar el terreno. Lo hace desde los diarios, radios y demás medios. Allí está el centro de gravedad de esta batalla. Tenemos que construir las trincheras de Curupaytí. Que cañoneen, pero fortifiquemosnos para que nuestra tropa quede indemne. Nuestra fuerza va desde el pobrerío hasta el funcionariado de los municipios conurbanos, las redes de los territorios y las corporaciones de las profesiones liberales. Ahí hay que construir la línea de defensa. Las armas son ideológicas. Son el esclarecimiento, la contrainformación, la propaganda negra.

Hay que aprovechar esa densa trama. Hay que hacerlo “donde se pueda, cuando se pueda”,  no hay que esperar que nos llamen desde algún despacho, no hay que esperar que vengan a frotarnos nuestras vanidades.

Published in: on abril 24, 2008 at 12:27 pm  Comentarios (5)  
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Abren el paraguas

El Martes conversábamos con el compañero dirigente intermedio. Esforzado caminador de su distrito. De hace años. Peleando durante mucho tiempo con la hegemonía local. Tuvo la dignidad de no ser ni hacerse nunca menemista. La peleó desde afuera. Y la cobraba afuera, claro, porque lo suyo valía.

Al final, cerró con el cacique. Y sí. Qué tenía que hacer si no? Poner el cuerpo para que lo hicieran pomada en cada interna? Avanzar quijotescamente aunque se le fueran cayendo los pedazos, hábilmente cooptados por los del cacique?

Los tiempos fueron cambiando, como los de la Argentina. Y las cosas lo fueron llevando al lugar ultraK.

El Martes charlábamos, entonces. Me formuló sumarísimamente su propuesta de salida de la emergencia.

Entregar. Así nomás.

Entregar a Alberto, y ponerlo a Reutemann.

Entregar a Moreno.

Entregar y entregar.

Más que Néstor presida el PJ, que el PJ presida el Gobierno.

Transar con los poderes fácticos. Muchos de los cuales -según el compagni- fueron conjurados por el Gobierno, con sus errores y torpezas.

La Sociedad Popular Restauradora considera, sin ahondar demasiado en el análisis, que ese camino lleva derechito a discutir una candidatura retardataria para el 2011.

Chau kirchnerismo. Se propondría un Reutemann, un De la Sota (por ejemplo, no mide, pero expresa). Por qué no un Capitanich (jóven, vivo, blanco).

Un duhaldismo reciclado.

Ya lo están discutiendo: el post-kirchnerismo.

Como nuestro amigo y compagni, el dirigente intermedio.

No se les puede achacar deslealtad, ni acaso traición.

Es su éthos.

Fueron parte de la resistencia ortodoxa al menemismo. Pero no van más allá.

No se pueden abrir tantos frentes al mismo tiempo, dicen.

Tienen miedo, de jugarse demasiado, que salga mal y el peronismo tenga un descalabro.

No se trata de salir a marcar vacilantes. No. La cosa es cómo contenerlos. Cómo persuadirlos.

Lo mismo que al progresismo boludo.

La columna vertebral del proceso viene enflaquecida.

Hay que apurar el rastrillo, rejuntar lo que se pueda.

La sedición de los rurales tuvo algo de positivo.

Muchos contemplativos vieron la sombra de los espectros. Y quedaron conmovidos. Eso asusta, pero también puede movilizar.

Hay que salir a juntarlos. No alcanza, pero suma.

El tiempo corre.

Published in: on abril 23, 2008 at 3:38 pm  Comentarios (2)  
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