Pongamos que acabo de llegar desde San Telmo, que estuve de tertulia con amigos y compañeros del mundo blogueril.
Pongamos que hablamos de muchas cosas, pocas –acaso alguna- de en serio.
Pongamos que la pizza estaba buena, pero mucho mejor estaba el sánguche de crudo y queso que me había comido un rato antes en un barcito de ahí a la vuelta.
Pongamos que el encuentro fue entretenido, como siempre, y al final, como siempre, con gusto a poco.
Pongamos que tuvimos el tupé de enrostrarle a Andrés el Viejo la posesión cierto libro –arcano incunable- que él sólo supo ver en fotocopia.
Pongamos que la nochecita en la Babilonia estuvo buena.
Pero ya volvimos. Y es hora de acordarse. Ups, de todo lo que uno dijo, escuchó y abonó.
Y larga fue la conversa sobre Milagros Salas, sobre Jujuy, sobre las Orgas Sociales, sobre su lógica, y a veces ilógica, manera de desarrollarse y los objetivos que explícita o fácticamente se proponen.
Y banco a Milagros, más vale (calma comisarios políticos del nac&popismo). Banco a Milagros, pongamos, ante la temporada de cacería del piquetero que proponen los villanos de esta película. Banco a Milagros, como banco a Emilio ante la opereta que le hicieron, como se banca a cualquiera que por los mil caminos posibles expresa y representa a los más desposeídos y olvidados de esta tierra, cuando precisamente, los poderosos y villanos de esta tierra los demonizan y sindican como causa de todos los males y de toda violencia.
Ahí sí, macho, a bancar.
Lo cual no quita que…
(Hmmm… sí, suena como un pero. Porque es un pero)
Lo cual no quita que no se deba y se pueda tener una mirada, digamos, crítica sobre las OOSS.
Importa desde dónde, por supuesto,
No como escuché hace poco proferir, desde un presunta altura académica y progre, que las Orgas se transformaron en “cazadoras de subsidios” (¿cuando se transformaron? ¿qué eran antes?).
Decir, desde lo político, imagino.
Desde cierta identificación. Desde el haber sido –en mucho o poco- parte de ese proceso.
Entonces. Lo que es difícil de comprender es una Orga tan maximalista e intransigente con el gobierno local, y a la vez tan alineada con el gobierno nacional.
Dificil entender que una orga social -no roja- no se plantee el desafío de integrarse a la gobernabilidad, desde la gestión pública, desde lo local. De ser “parte de la solución”.
Difícil entrarle al entuerto ése.
Sí, pibe, hay que debatir estas cosas. Hay que bancarse ponerlas en cuestión.
Hay que bancarse los deditos recusatorios de los comisarios ideológicos.
Porque en esta historia no tenemos ballotage.
No va a haber una segunda vuelta donde, esta vez sí, hagamos las cosas bien corrigiendo todas las trapisondas cometidas.
Cuando venga la crítica, será porque el ciclo se haya cerrado.
Y guay de esa crítica.
Va a ser la de las armas.
Nooo… figuradamente, claro, claro, no digo que vayan a venir las águilas negras. Estoy hablando de la virtualidad de que el 2011 cierre con una administración nacional, pongamos, poco tolerante con las Orgas, poco predispuesta a la transferencia de recursos y a la cogestión de esos recursos.
Todo eso de lo que no se hizo balance y memoria, seguramente va a ser magnificado en negativo.
No se agota con estas torpes líneas, seguro.
Ni siquiera le entran a la cuestión.
Estas líneas tan sólo trataban de reseñar que, en una grata noche de San Telmo, aprendí bastante de estas cosas.





