Ortodoxia Peronista


Anoche anduvimos por acá, y entre cosas varias escuchamos algunas observaciones que Mario Oporto hiciera sobre el denominado “Peronismo Disidente”. Citando de memoria, el hilo argumental era más o menos el siguiente: si están en contra de las retenciones, entonces mucho más hubieran estado en contra del IAPI, y así continuando con cada uno de los pilares del peronismo fundacional, enlazados con líneas directrices del actual proceso político, se llegaría a la clara conclusión de que, en realidad, son disidentes… de Perón! Y más bien les cabría el sayo del viejo populismo conservador.

A lo que yo agregaría algo más. Si ellos son disidentes, entonces nosotros (entendido amplia y genéricamente) somos ortodoxos!

Aunque pueda sonar como pura sofística, creo que es un buen punto de partida a la hora de repensar la vigencia del peronismo. Si entendemos a la ortodoxia no como una cristalización dogmática y sectaria de un momento recortado de la historia -viva- del peronismo, sino como la avenida real por donde transcurre en el presente la actualización del núcleo de valores perennes del justicialismo, entonces somos la ortodoxia.

El “somos”, nuevamente, alude a un amplio espectro: el del peronismo-kirchnerista y el del kirchnerismo-peronista, quedando afuera el kirchnernismo-no-peronista por obvias razones (y en la cópula, aclaro, lo que hace la diferencia es la relación sustantivo – adjetivo).

Si ellos son disidentes, entonces, me puedo considerar plenamente parte de la ortodoxia, esto es, de la centralidad del proceso político que actualiza y da vigencia al peronismo, ideológica y culturalmente, hoy, aquí y ahora, y muy a gusto.

Published in: on junio 27, 2010 at 1:32 am  Dejar un comentario  
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Volk

Fue hoy, luego de una charla en el centro cultural, cerveza, vino y particulares de por medio, el hombre me cuenta un contrapunto tan elemental como iluminador: “¿cómo podrías ser ‘nacionalista’ sin ser ‘populista’?” le dijeron, con lógica elemental e irrefutable.

Y vuelo al pasado, a mis dieciséis años, Buenos Aires, observando un pequeño museo personal, de objetos que pertenecieron al General, o que fueron tocados por su espíritu.

El Coronel -mi coronel- me corría por “izquierda”.

Porque yo aún no era peronista, o al menos aún no me reconocía como tal.

Yo aún era tributario de un nacionalismo apoliyado, inviable, y decorativo.

De un nacionalismo obnubilado con las ruinas de una Cancillería destruída por la bombas Rojas.

Y por ése lado atacó el Coronel -mi coronel- que no al pedo era milico, y mucho menos al pedo era peronista. Porque el Coronel -mi coronel- era milico y peronista, de Perón de veras, no de chamuyo.

“Fijáte”, me dice, como al pasar, como si se tratara de una menudencia, “fijáte que ésos alemanes tenían resuelto el dilema desde su raíz”, y yo, por supuesto, al escuchar la alusión a ésos, no podía menos que prestar atención y replegar mis defensas.

“Fijáte que que para denominar al Pueblo y a la Nación, usaron la misma palabra, Volk“, y mis defensas cedieron ante la prístina pureza del concepto, que avasalló bastiones dogmáticos y estéticos.

Pueblo y Nación, identidad de términos, identidad de conceptos, de devenir histórico y de cualidad ontológica.

“Entonces”, remató, “¿cómo se puede sentir amor por la propia nación -que eso es el nacionalismo- sin sentir amor por su pueblo?”.

Y la estocada final, al centro de mis convicciones antiliberales: “¿O pensás como Sarmiento?”.

Después de ése día, la infección estaba diseminada, ya era peronista.

Ése Coronel -mi coronel- fue una de las herencias más fructíeras que recibí de mi viejo, que hubiera valido tan sólo por ése episodio, pero no fué sólo ése episodio, sino que además estampó su firma en mi solicitud de ingreso al Colegio Militar de la Nación, nada menos.

Desde aquí le rindo un humilde homenaje a un estratega de la palabra y el argumento, a un militar peronista -bien que no kirchnerista, pero eso es contingente-  del que aprendí una lección fundamental que luego de su maduración trastocó mis dogmas y asideros.

Siempre se está a tiempo, creo.

Siempre me pareció que el “pop” de “nac&pop” sobraba, y no he cambiado de idea. Sobra, es pura estética liberal de izquierda.

Published in: on abril 17, 2010 at 12:44 am  Comentarios (4)  
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Peronismo y ecumenismo

¿Qué es el ecumenismo, lo ecuménico?

Definiciones:

  • La palabra ecumenismo deriva del griego oikoumene cuyo significado es lugar habitado por la humanidad. Era usado en el Imperio Romano para referirse a la totalidad de las tierras conquistadas.
  • Actualmente, ecumenismo se refiere a aquellas iniciativas que pretenden lograr la unidad religiosa mundial.
  • El término es usado primordialmente para referirse a los movimientos ecuménicos existentes en el seno del cristianismo, que han tenido el propósito de unificar las distintas denominaciones cristianas, separadas por doctrina, historia, tradición o práctica.

Así pues, el peronismo es a las ideologías emancipatorias, lo que el ecumenismo a las dogmáticas religiosas.

El ecumenismo, a más de una postura de diálogo interreligioso, supone una visión teísta, desde la cual, más allá de las dogmáticas específicas de cada religión organizada, admite que son posibles muchos nombres de Dios, y variados caminos de llegar a Él.

Restringirse a una dogmática confesional específica, requiere creer que ésa es la única fé revelada, la auténtica y única verdad posible sobre Dios; que el resto de las creencias acerca de Él son erróneas, acaso heréticas en tanto contradicen la fé propia.

Lo mismo sucede con las características y la observancia de los ritos. Puesto que se los suponen producto de la revelación y no de lo consuetudinario, los ritos que establece una dogmática religiosa específica son considerados por sus adeptos o creyentes como los únicos posibles y verdaderos para llegar a Dios.

También, por supuesto, acontece con la práctica cotidiana del ser creyente. Esto es, más allá del momento ritual, el creyente y adepto a una dogmática informa sus actos con un sistema de valores, ética y moral, que se desprenden o se siguen del corpus teológico elaborado (o revelado a) por su organización religiosa. Y aunque, en lo atinente al sistema de valores, pueda coincidir en algunos puntos con los creyentes y adeptos a otra dogmática, pues las diferencias serán reveladoras de lo erróneo de las creencias del otro.

Entonces, el peronismo es un ecumenismo.

El peronismo admite, ab definitio, que puedan ser múltiples y variados los nombres de la emancipación, y que pueden ser múltiples y variados los caminos que conducen hacia Ella.

Las dogmáticas emancipatorias, suponen que su visión del acto o proceso emancipatorio es la única posible y que las demás están esencialmente erradas. Y lo están esencialmente porque se derivan de corpus teóricos diferentes al propio, y errados, por tanto.

El lugar de la fé y la revelación son ocupados por el cientificismo teorético, por un corpus teórico verdadero que explica la totalidad social. La emancipación será posible porque la dogmática explica que lo es, y detalla además cómo será.

Los ritos, la estética, el lenguaje, la cultura organizacional, pues, son verdades; puesto que esa dogmática de la emancipación es verdadera, sus prácticas (aunque consuetudinarias y no necesariamente derivadas lógicamente del corpus teórico) han de ser las únicas correctas.

Y la adhesión a una confesión emancipatoria específica -al igual que ocurre con las confesiones religiosas más institucionalizadas y burocratizadas- acaba siendo equivalente a la observancia de los ritos de esa organización emancipatoria. Por demás, la práctica de vida puede estar diametralmente alejada del sistema de valores que en última instancia se reivindica, sólo basta con adherir a las prácticas y rituales de la organización para (de)mostrar su adhesión al proyecto emancipatorio.

Nuevamente, el peronismo es, al contrario, un ecumenismo.

El peronismo carece de un corpus teórico pretendido verdadero para todo tiempo y lugar. Esta carencia que ha sido señalada repetidas veces como una falla congénita, y obstáculo sustantivo a sus pretensiones de justicia social, es lo que lo hace ecuménico. El peronismo no cristaliza ni lenguajes, ni teorías, ni prácticas. El peronismo ha asumido y metabolizado todas las aparentes “herejías” surgidas en su seno o en sus bordes, ha incorporado vertientes de dispares rumbos, y ha cuestionado constantemente sus -sólo aparentes- “dogmas”.

Las pretendidas “verdades” del peronismo, entonces, son prácticas, un modo de ser, un ethos. “La única verdad es la realidad” representa una apertura contra toda dogmática de la emancipación, contra toda cristalización teórica y práctica, contra el anquilosamiento del lenguaje y de la estética. El peronismo se funda en el reconocimiento de que los caminos y los rcorridos emancipatorios son consuetudinarios, son un producto de los hombres. El ecumenismo requiere de la Fé en Dios, en alguna trascendencia espiritual, pero reconoce que sus nombres, las maneras de conocerlo, de inspirarse en Él, son tan múltiples como los son los hombres, sus lenguajes, sus prácticas culturales, diversos y multiformes.

Por tanto, el peronismo no requiere de una teología.

Published in: on abril 7, 2010 at 3:17 pm  Dejar un comentario  
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El hincha y la militancia

Empezé a escribir esto como prolegómeno a unas reflexiones sobre el futuro político del kirchnerismo y el peronismo, apenas unas breves tesis sobre lo que se puede venir. Se me extendió, porque creí pertinente precederlas con una toma de posición, una definición del lugar desde dónde escribir. Y se extendió, y creo que esto vale de por sí.

La respuesta es escribir desde un lugar preciso, no neutral ni contemplativo, desde un lugar militante, oficialista, si quieren kirchnerista, pero también –y ante todo- peronista. Desde la convicción que los gobiernos del Néstor y la Cris son lo mejor que nos ha tocado vivir desde el 83’  hasta ahora.

Plantearse las cosas desde el lugar militante significa deslindar esa condición de la de hincha. Si uno es militante político es eso, y a partir de allí se debería tratar de pensar el devenir político. Ser hincha es “aguantar los trapos”, es otra cosa, es furor y fervor, es mantener la estridencia que acompaña al equipo propio aunque le estén llenando la canasta, es sostener el fervor hacia los propios hinchas. Durante el partido rige el imperativo del aguante, no la búsqueda de persuadir a los ajenos para que también se hagan hinchas de los colores propios, mucho menos reflexionar sobre lo que va a suceder dentro de siete fechaso o dentro de dos campeonatos.

A veces pueden parecerse la condición de militante y la de hincha, también la militancia supone “hacer el aguante”, también es fervor y furor, la militancia presupone la pasión por los valores e ideales que se tratan de materializar en la vida de la sociedad. Pero justamente porque se trata de “materializar” –no sólo de declamar a voz en cuello- debe ir acompañada de la reflexión sobre lo que va a suceder dentro de siete fechas o dentro de dos campeonatos. No son, la pasión y la reflexión, “momentos” diferentes y diacrónicos, son –o debieran ser- una unidad. La pasión anima, moviliza, la reflexión ilumina, orienta las acciones; y de esa unidad (dialéctica?) deviene la posibilidad de persuadir, de convencer. La pura pasión acaso vence, pero difícilmente convence.

El fervor y furor del hincha es para el consumo interno. La unidad de pasión y reflexión militante tiene el doble destino de fortalecer a los propios, sí, pero a la vez de persuadir a los otros.

La pasión militante sin vínculo con la exterioridad, creo humildemente, es una pasión estéril, a veces dañosa: encerrados en nuestra pasión podemos creer que nos ha ido fenómeno… con los propios, y quizá no registramos que vamos perdiendo… con los otros.

Soy Hincha (de Gimnasia) y soy Peronista. No es lo mismo, son condiciones distintas.

[PS: el amigo Mendieta hablaba de esto por ACA]

Published in: on noviembre 19, 2009 at 5:23 pm  Comentarios (3)  
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Perón, los montoneros y el Ejército Rojo

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¡Qué viejo zorro ese Perón! Cuanto más uno conoce de nuestra historia, de su historia, de “sus trabajos y sus días”, mayor es la fascinación, más inagotable aparece el personaje, más se multiplican sus pliegues, los entresijos de sus lecturas. Y eso que soy de la generación que no lo “conoció” vivo. Vale decir, nací en el 72’, por tanto no llegué a vivir lo que era la Argentina, y todo lo que era pensable en esa Argentina, con un Perón vivo.

A los viejos textos inagotables, que siempre tienen preguntas para formular, para poner a prueba las certezas contemporáneas, se los suele llamar clásicos. Cómo se lo llama a un tipo como Perón, que siempre va a tener oscuridades, interrogantes que lo serán hasta el final de los tiempos, un tipo que admite ser releído –en texto, alocución y actos- incontables veces para siempre encontrar preguntas –sobre todo enseñanzas- para la política –el quehacer politico- del presente. Sin dudas un clásico, en un sentido distinto al usual, pero clásico sin duda.

El año pasado, en medio del malhadado conflicto de la 125, por canal 7 pasaron -a lo largo de 2 o 3 días- la película / entrevista que le hiciera Fernando Solanas: Actualización política y doctrinaria para la toma del poder. Cacho de enrtevista. Donde el viejovizcachismo de Perón alcanza alturas jamás vistas en nuestra historia (quizá el único paralelo que se me ocurre es la Carta de la Hacienda de Figueroa, de Rosas a Faundo).

Para lo que voy a comentar, aclaro, no fui a leer el texto, ni a buscar la peli para contrastar las exactas palabras con lo que escuché y pensé. Este no es un lugar para el trabajo de archivo ni la cita ultraprecisa.

En fin, la cuestión es que a la peli no la ví nunca completa. Leí el texto de la entrevista, hace mucho, tanto que lo que me llamó la atención el año pasado por tele ni lo había registrado en esa vieja, primera y única lectura.

Paciencia, voy a apuntar una cuestión muy trascendentalísima para entender la relación entre Perón y los Montoneros, ah, y el Ejército Rojo.

Entonces, el año pasado, con una antena que sintonizaba bastante mal el canal 7 –no tengo cable, ¿lo dije ya?- me puse a ver “Actualización…”, no recuerdo qué parte porque ya dije que la pasaron en varios tramos. Cualquiera que haya visto la entrevista recordará la doble impostura donde se paran entrevistador y entrevistado. Solanas le pregunta “General, ¿usted está de acuerdo con blablablabla”? (que es lo que propone la izquierda peronista interpretada por Pinito), y el General, viejovizcacha en su máxima expresión, responde con una sonrisa exultante “naturalmeeente, naturalmeeente”, y a continuación le corre el discurso al entrevistador, contínuamente desplaza lo que le dice, así sucede a lo largo de toda la peli. Y hasta parece que Solanas… ¡no se da cuenta!

Y Perón desplaza y corre al Pinito, porque es evidente que no le interesan -en sí- las boludeces y trivialidades que dice Pinito. Pero como sabe que la peli va a ser vista por miles de nuevos, viejos, y potenciales peronistas, dice con cuidado, con una sutileza deslumbrante en vista de los años transcurridos. Sabe que la peli va a ser vista y festejada por las nuevas generaciones peronistas, que va a ser analizada por los viejos veteranos peronistas, que va a ser diseccionada quirúrgicamente acaso por las dirigencias que en la Argentina invocan su nombre. Perón sabe, es viejovizcacha.

¿Cómo se llega entonces al Ejército Rojo?

Ahí vamos. En una de tantas, Solanas le formula una larga pregunta / afirmación / bajada de línea sobre la guerrilla, para que, claro, Perón diga que sí, que está de acuerdo con la guerra de guerrillas. “Naturalmeeente, naturalmeeente” dirá Perón, y a partir de allí se explayará sobre la cuestión corriéndolo al pinito, corriéndolos a los espectadores de la entrevista.

Perón habla de la 2ª Guerra Mundial, del frente oriental. Habla del Ejército Rojo. “¡Habla del Ejército Rojo!” Así dirán y -tal vez- habrán dicho algunos, interpretando que hablar del Ejército Rojo era un inequívoco guiño a los peronistas de izquierda.

Sí, habla del Ejército Rojo. Y lo que dice es de una extrema profundidad.

Claro que le parecen correctas las operaciones de guerrillas.

El Ejército Rojo –dice-, en el amplio y extendido frente que debió defender ante el avance de la Wehrmacht, utilizó de contínuo las operaciones de guerrillas. Perón diserta sólidamente al respecto porque –como todos sabemos- fue profesor de Historia Militar.

Las operaciones de guerrillas consistían en el accionar de fuerzas irregulares por detrás de las líneas del enemigo. Consistían en operaciones de sabotaje, hostigamiento y diversión en el territorio controlado por los alemanes. Apuntaban a la dispersión de las fuerzas enemigas, a causarles daños en el abastecimiento.

Las guerrillas del Ejército Rojo no eran el Ejército Rojo.

Las Guerrillas del Ejército Rojo eran fuerzas auxiliares (“formaciones especiales”) operando en un escenario secundario.

La fuerza principal del esfuerzo de guerra –defensiva- empeñado por los soviéticos era el Ejército Rojo, y su escenario principal era la extendida línea del frente que iba desde el Báltico hasta las estribaciones del Cáucaso.

La conducción estratégica del Ejército Rojo residía en el Kremlin, se continuaba en el PCUS, y llegaba hasta los comisariatos politicos integrados a las unidades militares regulares.

Las formaciones guerrilleras eran auxiliares, no eran la fuerza principal, no ejercían la conducción estrategica, no recaía sobre ellas las tareas militares del frente de guerra, ni la defensa de los principales objetivos estratégicos del avance alemán (Leningrado, Moscú, Volgogrado). El centro de gravedad de la gran batalla que libraron los soviéticos no estaba en el escenario de las operaciones de guerrilla.

Por sobre todo, no estaban destinadas a sustituir al Ejército Rojo en algún futuro, no eran el germen de alguna próxima nueva fuerza militar.

¡Y Perón hablaba del Ejército Rojo!

Ya sé, las categorían militares no tienen una correspondencia biunívoca con las categorías del análisis político; Perón, sin embargo, y lo sabemos, pensaba en ése registro.

Perón estaba hablando de política. De la política argentina.

Juro que cuando escuché ése pedazo de la entrevista me sentí iluminado por la superlativa sutileza y profundidad de Perón. Juro que me sentí impactado por la contundente claridad de la analogía, que no daba lugar a otra interpretación. Las correspondencias que pueden establecerse entre los elementos que aparecen en el ejemplo histórico y los actores políticos de la escena contemporánea a la entrevista son de una linealidad tan evidente, sólo posibles de formular por una genialidad política como Perón.

No quiero creer que soy el único en haberse apiolado de ello.

Published in: on noviembre 12, 2009 at 2:40 pm  Comentarios (6)  
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