Leyendo esto recordaba una reflexión de tiempos de debate de la Ley de SCA, la cual fue desmentida por los hechos.
El punto era que, más allá del confrontacionismo automático de la oposición política, las fuerzas más sólidas de ése entamado diverso, esto es, la UCR, debiera tener un interés estratégico positivo en la sanción e implementación de la norma.
La entidad política que había llegado a alcanzar El Grupo, evidenciaba su potencial condicionante de cualquier otro proceso politico porvenir. Es más, en aquellos tiempos de mediados de 2009, el Gobierno aparecía como seriamente golpeado por el resultado del 28J, y cualquier futurismo elemental avizoraba como harto probable que en 2011 comenzaría un gobierno de diferente signo político.
Entonces, más allá del lugar opositor en se encontraban (se encuentran) los radicales, si es que imaginaban tener posibilidades de mojar en 2011, la sanción de la Ley de SCA, con sus consecuencias directas y de mediano plazo sobre el poder de fuego de El Grupo, debía ser de su mayor interés estratégico. Si el desafío principal, en vista del estigma que los acompaña desde 1983, sería el de asegurar la gobernabilidad y la consolidación de poder politico, la desarticulación de El Grupo, o al menos una merma en su poderío mediático, sin dudas aparecería como un escenario soñado.
La sentencia, de suyo, no les cabe a las otras fuerzas poíticas de oposición, de menor densidad política e institucional, híper personalistas y carentes de construcción política real. Para ellos El Grupo resulta un condicionante básico de su misma existencia. Puesto que su realidad tangible es inescindible de su aparición en la pantalla, su trayecto y posicionamiento político coyuntural los sitúa en una relación de vasallaje con la patria mediática.
Así pues, las cosas no resultaron de ése modo. Una explicación posible sería la baja calidad de su “pragmatismo” en la acción política. Si bien aparecer en la escena política brindándole al Gobierno el paraguas de consenso para una medida controversial los dejaba en un lugar algo incómodo –y expuesto a las andanadas de El Grupo-, la misma amplitud consensual que hubiera significado lograr la sanción de la Ley de SCA son su apoyo, esmerilaba tanto la estigmatiación “K” de la norma –por parte de El Grupo- como el embanderamiento oficial en registro de epopeya. Por añadidura hubiera comenzado a desactivar –ahora sí, con la mirada puesta en 2011, y en sus pretensiones de gobernar- a un actor de capacidades desestabilizadoras sobradamente demostradas.
La otra explicación, complementaria de la expuesta y arrimada en la nota linkeada al principio, apunta a una sujeción más estructural de aquellas formaciones politicas con El Grupo y el conglomerado de intereses político empresariales que el mismo expresa.
Bueno, en un ratito empieza Argentina-México. Chau.





