El Pensamiento Nacional es –debe serlo, lo fue siempre- un ejercicio de subversión, pero también de revisionismo.
Un ejercicio de subversión respecto de las historias oficiales, de las teorías, las categorías, conceptos y lenguajes con el cual pensarnos. Ese ejercicio tiene por objeto decodificar esas ataduras que la “colonización del pensamiento” nos ocultan. “Descubrir” la verdadera realidad donde nos situamos, nosotros, pueblos perifércos, subalternos, dependientes…
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