Volk

Fue hoy, luego de una charla en el centro cultural, cerveza, vino y particulares de por medio, el hombre me cuenta un contrapunto tan elemental como iluminador: “¿cómo podrías ser ‘nacionalista’ sin ser ‘populista’?” le dijeron, con lógica elemental e irrefutable.

Y vuelo al pasado, a mis dieciséis años, Buenos Aires, observando un pequeño museo personal, de objetos que pertenecieron al General, o que fueron tocados por su espíritu.

El Coronel -mi coronel- me corría por “izquierda”.

Porque yo aún no era peronista, o al menos aún no me reconocía como tal.

Yo aún era tributario de un nacionalismo apoliyado, inviable, y decorativo.

De un nacionalismo obnubilado con las ruinas de una Cancillería destruída por la bombas Rojas.

Y por ése lado atacó el Coronel -mi coronel- que no al pedo era milico, y mucho menos al pedo era peronista. Porque el Coronel -mi coronel- era milico y peronista, de Perón de veras, no de chamuyo.

“Fijáte”, me dice, como al pasar, como si se tratara de una menudencia, “fijáte que ésos alemanes tenían resuelto el dilema desde su raíz”, y yo, por supuesto, al escuchar la alusión a ésos, no podía menos que prestar atención y replegar mis defensas.

“Fijáte que que para denominar al Pueblo y a la Nación, usaron la misma palabra, Volk“, y mis defensas cedieron ante la prístina pureza del concepto, que avasalló bastiones dogmáticos y estéticos.

Pueblo y Nación, identidad de términos, identidad de conceptos, de devenir histórico y de cualidad ontológica.

“Entonces”, remató, “¿cómo se puede sentir amor por la propia nación -que eso es el nacionalismo- sin sentir amor por su pueblo?”.

Y la estocada final, al centro de mis convicciones antiliberales: “¿O pensás como Sarmiento?”.

Después de ése día, la infección estaba diseminada, ya era peronista.

Ése Coronel -mi coronel- fue una de las herencias más fructíeras que recibí de mi viejo, que hubiera valido tan sólo por ése episodio, pero no fué sólo ése episodio, sino que además estampó su firma en mi solicitud de ingreso al Colegio Militar de la Nación, nada menos.

Desde aquí le rindo un humilde homenaje a un estratega de la palabra y el argumento, a un militar peronista -bien que no kirchnerista, pero eso es contingente-  del que aprendí una lección fundamental que luego de su maduración trastocó mis dogmas y asideros.

Siempre se está a tiempo, creo.

Siempre me pareció que el “pop” de “nac&pop” sobraba, y no he cambiado de idea. Sobra, es pura estética liberal de izquierda.

Published in: on abril 17, 2010 at 12:44 am  Comentarios (4)  
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Peronismo y ecumenismo

¿Qué es el ecumenismo, lo ecuménico?

Definiciones:

  • La palabra ecumenismo deriva del griego oikoumene cuyo significado es lugar habitado por la humanidad. Era usado en el Imperio Romano para referirse a la totalidad de las tierras conquistadas.
  • Actualmente, ecumenismo se refiere a aquellas iniciativas que pretenden lograr la unidad religiosa mundial.
  • El término es usado primordialmente para referirse a los movimientos ecuménicos existentes en el seno del cristianismo, que han tenido el propósito de unificar las distintas denominaciones cristianas, separadas por doctrina, historia, tradición o práctica.

Así pues, el peronismo es a las ideologías emancipatorias, lo que el ecumenismo a las dogmáticas religiosas.

El ecumenismo, a más de una postura de diálogo interreligioso, supone una visión teísta, desde la cual, más allá de las dogmáticas específicas de cada religión organizada, admite que son posibles muchos nombres de Dios, y variados caminos de llegar a Él.

Restringirse a una dogmática confesional específica, requiere creer que ésa es la única fé revelada, la auténtica y única verdad posible sobre Dios; que el resto de las creencias acerca de Él son erróneas, acaso heréticas en tanto contradicen la fé propia.

Lo mismo sucede con las características y la observancia de los ritos. Puesto que se los suponen producto de la revelación y no de lo consuetudinario, los ritos que establece una dogmática religiosa específica son considerados por sus adeptos o creyentes como los únicos posibles y verdaderos para llegar a Dios.

También, por supuesto, acontece con la práctica cotidiana del ser creyente. Esto es, más allá del momento ritual, el creyente y adepto a una dogmática informa sus actos con un sistema de valores, ética y moral, que se desprenden o se siguen del corpus teológico elaborado (o revelado a) por su organización religiosa. Y aunque, en lo atinente al sistema de valores, pueda coincidir en algunos puntos con los creyentes y adeptos a otra dogmática, pues las diferencias serán reveladoras de lo erróneo de las creencias del otro.

Entonces, el peronismo es un ecumenismo.

El peronismo admite, ab definitio, que puedan ser múltiples y variados los nombres de la emancipación, y que pueden ser múltiples y variados los caminos que conducen hacia Ella.

Las dogmáticas emancipatorias, suponen que su visión del acto o proceso emancipatorio es la única posible y que las demás están esencialmente erradas. Y lo están esencialmente porque se derivan de corpus teóricos diferentes al propio, y errados, por tanto.

El lugar de la fé y la revelación son ocupados por el cientificismo teorético, por un corpus teórico verdadero que explica la totalidad social. La emancipación será posible porque la dogmática explica que lo es, y detalla además cómo será.

Los ritos, la estética, el lenguaje, la cultura organizacional, pues, son verdades; puesto que esa dogmática de la emancipación es verdadera, sus prácticas (aunque consuetudinarias y no necesariamente derivadas lógicamente del corpus teórico) han de ser las únicas correctas.

Y la adhesión a una confesión emancipatoria específica -al igual que ocurre con las confesiones religiosas más institucionalizadas y burocratizadas- acaba siendo equivalente a la observancia de los ritos de esa organización emancipatoria. Por demás, la práctica de vida puede estar diametralmente alejada del sistema de valores que en última instancia se reivindica, sólo basta con adherir a las prácticas y rituales de la organización para (de)mostrar su adhesión al proyecto emancipatorio.

Nuevamente, el peronismo es, al contrario, un ecumenismo.

El peronismo carece de un corpus teórico pretendido verdadero para todo tiempo y lugar. Esta carencia que ha sido señalada repetidas veces como una falla congénita, y obstáculo sustantivo a sus pretensiones de justicia social, es lo que lo hace ecuménico. El peronismo no cristaliza ni lenguajes, ni teorías, ni prácticas. El peronismo ha asumido y metabolizado todas las aparentes “herejías” surgidas en su seno o en sus bordes, ha incorporado vertientes de dispares rumbos, y ha cuestionado constantemente sus -sólo aparentes- “dogmas”.

Las pretendidas “verdades” del peronismo, entonces, son prácticas, un modo de ser, un ethos. “La única verdad es la realidad” representa una apertura contra toda dogmática de la emancipación, contra toda cristalización teórica y práctica, contra el anquilosamiento del lenguaje y de la estética. El peronismo se funda en el reconocimiento de que los caminos y los rcorridos emancipatorios son consuetudinarios, son un producto de los hombres. El ecumenismo requiere de la Fé en Dios, en alguna trascendencia espiritual, pero reconoce que sus nombres, las maneras de conocerlo, de inspirarse en Él, son tan múltiples como los son los hombres, sus lenguajes, sus prácticas culturales, diversos y multiformes.

Por tanto, el peronismo no requiere de una teología.

Published in: on abril 7, 2010 at 3:17 pm  Dejar un comentario  
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