Día de la Soberanía

Batalla de la Vuelta de Obligado – Rodolfo Campodónico

No tengo ganas de batir el parche demasiado con el significado de esta fecha. Si alguien llega a este blog creo que algo desto tendrá claro. Les dejo nomás un raro, notable y gratificante hallazgo: Don Alfredo Zitarrosa cantando el triunfo homónimo.

 

Publicado en  on Noviembre 20, 2009 at 1:42 pm Comentarios (1)

El hincha y la militancia

Empezé a escribir esto como prolegómeno a unas reflexiones sobre el futuro político del kirchnerismo y el peronismo, apenas unas breves tesis sobre lo que se puede venir. Se me extendió, porque creí pertinente precederlas con una toma de posición, una definición del lugar desde dónde escribir. Y se extendió, y creo que esto vale de por sí.

La respuesta es escribir desde un lugar preciso, no neutral ni contemplativo, desde un lugar militante, oficialista, si quieren kirchnerista, pero también –y ante todo- peronista. Desde la convicción que los gobiernos del Néstor y la Cris son lo mejor que nos ha tocado vivir desde el 83’  hasta ahora.

Plantearse las cosas desde el lugar militante significa deslindar esa condición de la de hincha. Si uno es militante político es eso, y a partir de allí se debería tratar de pensar el devenir político. Ser hincha es “aguantar los trapos”, es otra cosa, es furor y fervor, es mantener la estridencia que acompaña al equipo propio aunque le estén llenando la canasta, es sostener el fervor hacia los propios hinchas. Durante el partido rige el imperativo del aguante, no la búsqueda de persuadir a los ajenos para que también se hagan hinchas de los colores propios, mucho menos reflexionar sobre lo que va a suceder dentro de siete fechaso o dentro de dos campeonatos.

A veces pueden parecerse la condición de militante y la de hincha, también la militancia supone “hacer el aguante”, también es fervor y furor, la militancia presupone la pasión por los valores e ideales que se tratan de materializar en la vida de la sociedad. Pero justamente porque se trata de “materializar” –no sólo de declamar a voz en cuello- debe ir acompañada de la reflexión sobre lo que va a suceder dentro de siete fechas o dentro de dos campeonatos. No son, la pasión y la reflexión, “momentos” diferentes y diacrónicos, son –o debieran ser- una unidad. La pasión anima, moviliza, la reflexión ilumina, orienta las acciones; y de esa unidad (dialéctica?) deviene la posibilidad de persuadir, de convencer. La pura pasión acaso vence, pero difícilmente convence.

El fervor y furor del hincha es para el consumo interno. La unidad de pasión y reflexión militante tiene el doble destino de fortalecer a los propios, sí, pero a la vez de persuadir a los otros.

La pasión militante sin vínculo con la exterioridad, creo humildemente, es una pasión estéril, a veces dañosa: encerrados en nuestra pasión podemos creer que nos ha ido fenómeno… con los propios, y quizá no registramos que vamos perdiendo… con los otros.

Soy Hincha (de Gimnasia) y soy Peronista. No es lo mismo, son condiciones distintas.

[PS: el amigo Mendieta hablaba de esto por ACA]

Publicado en  on Noviembre 19, 2009 at 5:23 pm Comentarios (3)

El amor por los objetos

Los objetos pueden ser inertes. Pura cosa material, tangible. Pero los objetos también nos pueden hablar.

Veo en mi mano dos monedas. Una, un dólar de plata, grandota. Un dólar y sólo, y nada más, que eso. Ya ni recuerdo cuándo ni dónde la conseguí. La otra, del mismo tamaño, es pesada, también de plata. Tiene letras y números que algo dicen. Dicen que fue acuñada en Potosí en el año de 1803, con un valor de ocho reales, bajo el reinado de Carlos IV.

Al fin, quizá, un objeto valioso. Valor intrínseco: su peso en plata. Valor histórico: ocho reales de plata, al cabo una pieza no tan rara. Un detalle de la moneda le disminuye ambos valores, como un goterón de plata aplanado que mancha el centro de la efigie de Carlos IV.

Ahí está la diferencia. Porque yo sé que ése machucón significa que esa moneda estaba en la rastra de mi tatarabuelo. Que esa moneda de plata tiene una historia ligada a personas concretas, a varias vidas por las cuales pasó de mano en mano. Recuerdo familiar. Poco y muchísimo.

El amor por los objetos es cosa curiosa.

Un libro es un libro y más también. El libro admite casos patológicos de afición a su materialidad. En tiempos del PDF del eBook, el libro persiste en ser un objeto especial. El libro, la traducción, la edición, la editorial, por cuáles manos pasó, dedicatorias… vaya que el libro tiene connotaciones! Sí, pero también más de las aparentes.

Yo tuve un libro, un libro blasfemo: Mein Kampf. Un posible objeto más en la mesa de una librería. Un icono del exhibidor de un negocio de psicofachos (militaria, insignias, miniaturas, etc.).  El libro nazi, escrito por El nazi. Nada menos.

A más, era primera edición en castellano. La portada igual a la edición alemana coetánea del autor. Una… pieza de colección, al menos para los interesados en ése tipo de piezas.

Hasta ahí la pura apariencia. Lo que hay de más es que ése libro había sido de mi abuelo,  y luego de mi padre. Y a su turno mío. Leído prolijamente en los tres casos. Mi lectura fue a los, pongámosle, doce o trece años, cuando era rebeldemente facho, como a esa misma edad lo fueron…

Los objetos desligados de quien los piense, de quien porta en su memoria la historia que los connota y les da una entidad distitiva, no son nada, puro objeto, valor intrínseco y valor de cambio. En contacto con el portador de su historia son, en cambio, fragmentos de una humanidad que transmite su memoria a través de ellos, gambeteando al tiempo.

Cuando un objeto se pierde en el sinfín de los objetos sin sujeto, o cuando el portador de su historia muere sin poder transmitir la memoria de ellos, se pierde una pequeña porción de humanidad, desaparece un pequeño fragmento de vida en el océano cósmico del olvido.

El amor por los objetos es la enfática desesperanza por aferrarse a esos fragmentos de memoria, de indentidad, de lo que nos constituye.

Por eso es que puedo recordar, hasta con afecto, a ese libro blasfemo, a ese objeto maldito y execrado.

Junto a Mein Kampf, supe heredar muchos otros libros, algunos, de seguro se habrán peleado durante los largos años de encierro en una caja.

Heredé -¡junto a Mein Kampf!- un ejemplar de los Manuscritos de 1844. Marx, por si hace falta aclarar. Y un pequeño libro rojo, las Citas del Presidente Mao. No me pidan que explique qué hacían esas cosas todas juntas (algún testimoniio familiar habla de una militante china que mi viejo se habría querido levantar; todos hemos hecho cosas así, no?).

Así conocí a Malraux cuando todavía no me crecían pelos en la cara, y supe -mucho antes de que aparecieran documentales- del orígen francés de las doctrinas contrainsurgentes aplicadas en la Argentina, leyendo a Jean Larteguy y sus Centuriones.

Quizá tenía razón mi vieja, cuando me decía que era muy chico para leer esas cosas.

No tuve que desenterrar libros, estaban ahí, bien ordenados, esperando, esperándome.

Y ahí nos encontramos con El hombre que está sólo y espera -doblemente heredado: había sido también de mi abuelo- aunque sólo comenzé a entenderlo muchos, muchos años después.

La posesión de los objetos, de éstos objetos de los que hablo, es una manera de poseer la memoria, la identidad.

Entender esto es entender la violencia que acompaña a la desposesión, la esencialidad de la violencia que aqueja a los desposeídos, a los desposeídos no sólo de los medios materiales de subsistencia, sino de los objetos que les comunican su historia e identidad.

Poseer esos fragmentos de materialidad que a uno lo constituyen es, sin duda, ser un privilegiado.

El amor por los objetos, de ésos objetos, es la tenue conciencia de ese privilegio.

Alguna vez me han dicho que soy un conservador. Quizá con razón.

Publicado en  on Noviembre 18, 2009 at 4:52 pm Comentarios (3)

Ya no [13.06.2001]

ya no creo que sea posible / descifrar para siempre / su felicidad

ya no creo que, jugando, la vida / marque las barajas / que van a salir

yo pensé que podía ganarme / el cariño de su alma / de cielos de abril

yo pensé que si todo lo daba / con eso bastaba / con eso nomás

yo pensé que en sus manos obreras / de tinta y papeles / podía descansar

si me he equivocado tantas ocasiones / por qué diferente / sería esta vez?

sin embargo, lo mismo que siempre / pensé que el destino / tendría mi bien

estudié las noticias del caso / las fuerzas en pugna / y me imaginé

que podía políticamente / unirme a la toma / del cuarto poder

qué curioso es cuando uno sueña / que a veces parece / que fuera verdad

y cayó mi castillo de naipes / sin darme ni cuenta / de torpe que fui

y se fueron volando mis sueños / por los adoquines / de garúa gris

yo pensé que en sus ojos oscuros / de dulce mirada / brillaba mi luz

yo creí que velando su sueño / hilaba el abrigo / de su padecer

yo podía quererla de veras / y ella no sabía / siquiera querer

y quedó en el umbral de la casa / esa madrugada / todo lo que di

y volaron dispersos los naipes / del pobre castillo / que quise construir

dibujé en el correr de las noches / sembradas de cuentos / el cuadro de mí

como manos que una a la otra / se tallan a trazos / grabados en gris

le contaba todas mis historias / leyendo sus líneas / en rojo punzó

pienso, ahora en noches como esta / que hay días que nunca / han de amanecer

no se puede jugar a arquitecto / con naipes de sueños / que al viento se van

le entregué en un librito de versos / todos los pasados / que supe vivir

inventé para ella un soneto / de magias y flores / que le regalé

nunca supo que fue la culpable / de que yo escribiera / mi verso mejor

pienso, si, justo en noches como estas / que aquella mañana / no debí despertar

no se pueden castillos de sueños / con torpe destreza / jugar a construir

porque son los sueños lo mismo que naipes / que el viento se lleva / que al viento se irán

Publicado en  on Noviembre 17, 2009 at 4:11 pm Dejar un comentario

Minería y financiamieno universitario

La otra noche el amigo y compañero Científico Repatriado por el Gobierno se despachó con una observación luminosa, brillante. Amerita reproducirla.

Resulta que hay algún barullo en el CIN –el Consejo Interuniversitario Nacional- por unos fondos procedentes de las regalías mineras. El asunto es largo y entreverado, trato de hacerla corta. Resulta que hay una tarasca importante que la empresa que explota el yacimiento minero de Bajo La Alumbrera transfería a la Universidad de Tucumán. Esa Universidad había sido copartícipe de la exploración del filón minero. De allí es que participaba en una porción de las regalías. Pasado cierto tiempo, la biyuya pasaba a integrar los recursos del sistema universitario in toto, es decir, adminstrado por el CIN. Hasta allí mas o menos la historia como me fue relatada por el Científico Repatriado por el Gobierno.

El barullo viene a cuento porque, ante esta situación, un nutrido sector de la progresía universitaria comienza a rasgarse las vestiduras con estrépito de escándalo moralizante. Como si el mismo Belcebub hubiera irrumpido en el más sagrado de los templos profanando la inmaculada virtud de las vestales del conocimiento crítico.

Uno se pregunta ¿y cuál es el problema? ¿Acaso el giro de esos recursos va condicionado a que dichas universidades orienten sus planes de estudio y líneas de investigación hacia temáticas ligadas a la horrible minería? Parece que no. ¿Entonces?

La respuesta luminosa del amigo Científico Repatriado por el Gobierno, pues, fue luminosa.

¿Acaso el Sistema Universitario no se financia con las rentas generales del Estado Nacional? ¿Y de dónde carajos sale esa guita?

La progresía universitarian no tiene los mismos reparos morales con que sus recursos provengan, por ejemplo, de las retenciones a la soja. Dinero malvado este si lo habrá, que viene chorreando glifosato, desmontes, y expulsión de la población rural.

Tampoco a la progresía universitaria se le mueve un pelo, de los muchos y velludos que le suelen asomar, porque su financiamiento provenga del IVA, que como todos sabemos -y especialmente la progresía universitaria- es un malvado impuesto que este gobierno conservador insiste en seguir cobrándole a los más pobres.

La progresía universitaria padece -de hace mucho- de una notoria propensión a las imposturas. Esta es tan sólo una más.

Acaso habría que proponerles una reformulación más moralizante y adecuada a sus estándares de purismo.

Digamos, de cada 100 mangos que perciben de sueldos, dedicaciones y becas, calculemos qué porcentual dellos provienen de rescursos tributarios considerados indignos y malos -según la estructura recaudatoria- y que perciban sólo aquellos pesos cuya fuente son impuestos piolas y progresistas -ganancias de personas físicas y jurídicas, un suponer- y de esa manera les podríamos ofrecer una inmejorable oportunidad para hacer gala de consistencia moral.

Presumo que, como es fácil de imaginar, la propuesta no recogería muchas adhesiones. Repudiar esos fondos queda lindo, más aún en estos tiempos de abundancia presupuestaria, las carencias -muchas seguro- que podrían mitigarse con esos recursos… ¡qué importa! Total, la política universitaria -no sólo la estudiantil, fundamentalmente la izquierdista- ha sido siempre el reino de la irresponsabilidad y la impunidad.

Yo, por mi parte, luego de haber andado por los pedregales más desolados de la Provincia de San Juan, banco la minería, pero eso es tema para otro día.

Publicado en  on Noviembre 16, 2009 at 1:32 pm Comentarios (2)

Ejercicio de Soneto [21.05.2001]

¿A quien no le gusta la poesía? ¿Alguna, de algún tipo? Nadie, con certeza, puede abstraerse total y enteramente a la expresión poética. Por más redomadamente rústico que se pueda ser para la apreciación estética, algo, de algún tipo, por algún costado, es capaz de llegar a la sensibilidad y conmoverla.

Pues bien, a mí me gusta la poesía, así en general, y con vaivenes he sido bastante consumidor della. Particularmente de la poesía castellana, particularmente del rubro que va de los romances viejos a los tiempos de Garcilaso y Juan Boscán. Estos dos, introductores del soneto en la escritura castellana.

Así es que alguna vez me iba a picar el bichito, y lo intenté… intenté dar con la combinatoria de palabras que pudiera ser una expresión poética, y que, además, redundara en la forma de soneto, que cuajara en esa forma. Que como en un rompecabezas, o mecanismo de relojería, acabaran acoplándose ideas y palabras de modo tal que se consumara armoniosamente un soneto, y que no pudiera correrse una coma ni cambiarse una sílaba sin que dejara por completo de ser.

Fue hace ya algunos años, y la verdad es que el resultado -humildemente- me satisfizo ampliamente. Ahí está entonces, acaso cursi, pero soneto.

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SONETO [21.05.2001]

Quiero indagar tu oculto pensamiento,
descubrir de tu ser lo más profundo.
Y así, poder saber, a ciencia cierta,
cuál es, de todas, tu flor la preferida.

Y quiero descubrir en los misterios
arcanos de la magia y brujerías,
cuál es el conjuro, el sortilegio,
que, al invocar, transforme mi apariencia.

Y así, vestido en flor, y transmutado
en pétalos y en tallo florecidos,
encontrar en tus manos el abrigo,

de tus dedos, el rozar de mis mejillas;
y, al acercarte a su aroma a saborear,
robarme un beso furtivo de tu boca.

Publicado en  on Noviembre 14, 2009 at 6:33 pm Dejar un comentario

Perón, los montoneros y el Ejército Rojo

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¡Qué viejo zorro ese Perón! Cuanto más uno conoce de nuestra historia, de su historia, de “sus trabajos y sus días”, mayor es la fascinación, más inagotable aparece el personaje, más se multiplican sus pliegues, los entresijos de sus lecturas. Y eso que soy de la generación que no lo “conoció” vivo. Vale decir, nací en el 72’, por tanto no llegué a vivir lo que era la Argentina, y todo lo que era pensable en esa Argentina, con un Perón vivo.

A los viejos textos inagotables, que siempre tienen preguntas para formular, para poner a prueba las certezas contemporáneas, se los suele llamar clásicos. Cómo se lo llama a un tipo como Perón, que siempre va a tener oscuridades, interrogantes que lo serán hasta el final de los tiempos, un tipo que admite ser releído –en texto, alocución y actos- incontables veces para siempre encontrar preguntas –sobre todo enseñanzas- para la política –el quehacer politico- del presente. Sin dudas un clásico, en un sentido distinto al usual, pero clásico sin duda.

El año pasado, en medio del malhadado conflicto de la 125, por canal 7 pasaron -a lo largo de 2 o 3 días- la película / entrevista que le hiciera Fernando Solanas: Actualización política y doctrinaria para la toma del poder. Cacho de enrtevista. Donde el viejovizcachismo de Perón alcanza alturas jamás vistas en nuestra historia (quizá el único paralelo que se me ocurre es la Carta de la Hacienda de Figueroa, de Rosas a Faundo).

Para lo que voy a comentar, aclaro, no fui a leer el texto, ni a buscar la peli para contrastar las exactas palabras con lo que escuché y pensé. Este no es un lugar para el trabajo de archivo ni la cita ultraprecisa.

En fin, la cuestión es que a la peli no la ví nunca completa. Leí el texto de la entrevista, hace mucho, tanto que lo que me llamó la atención el año pasado por tele ni lo había registrado en esa vieja, primera y única lectura.

Paciencia, voy a apuntar una cuestión muy trascendentalísima para entender la relación entre Perón y los Montoneros, ah, y el Ejército Rojo.

Entonces, el año pasado, con una antena que sintonizaba bastante mal el canal 7 –no tengo cable, ¿lo dije ya?- me puse a ver “Actualización…”, no recuerdo qué parte porque ya dije que la pasaron en varios tramos. Cualquiera que haya visto la entrevista recordará la doble impostura donde se paran entrevistador y entrevistado. Solanas le pregunta “General, ¿usted está de acuerdo con blablablabla”? (que es lo que propone la izquierda peronista interpretada por Pinito), y el General, viejovizcacha en su máxima expresión, responde con una sonrisa exultante “naturalmeeente, naturalmeeente”, y a continuación le corre el discurso al entrevistador, contínuamente desplaza lo que le dice, así sucede a lo largo de toda la peli. Y hasta parece que Solanas… ¡no se da cuenta!

Y Perón desplaza y corre al Pinito, porque es evidente que no le interesan -en sí- las boludeces y trivialidades que dice Pinito. Pero como sabe que la peli va a ser vista por miles de nuevos, viejos, y potenciales peronistas, dice con cuidado, con una sutileza deslumbrante en vista de los años transcurridos. Sabe que la peli va a ser vista y festejada por las nuevas generaciones peronistas, que va a ser analizada por los viejos veteranos peronistas, que va a ser diseccionada quirúrgicamente acaso por las dirigencias que en la Argentina invocan su nombre. Perón sabe, es viejovizcacha.

¿Cómo se llega entonces al Ejército Rojo?

Ahí vamos. En una de tantas, Solanas le formula una larga pregunta / afirmación / bajada de línea sobre la guerrilla, para que, claro, Perón diga que sí, que está de acuerdo con la guerra de guerrillas. “Naturalmeeente, naturalmeeente” dirá Perón, y a partir de allí se explayará sobre la cuestión corriéndolo al pinito, corriéndolos a los espectadores de la entrevista.

Perón habla de la 2ª Guerra Mundial, del frente oriental. Habla del Ejército Rojo. “¡Habla del Ejército Rojo!” Así dirán y -tal vez- habrán dicho algunos, interpretando que hablar del Ejército Rojo era un inequívoco guiño a los peronistas de izquierda.

Sí, habla del Ejército Rojo. Y lo que dice es de una extrema profundidad.

Claro que le parecen correctas las operaciones de guerrillas.

El Ejército Rojo –dice-, en el amplio y extendido frente que debió defender ante el avance de la Wehrmacht, utilizó de contínuo las operaciones de guerrillas. Perón diserta sólidamente al respecto porque –como todos sabemos- fue profesor de Historia Militar.

Las operaciones de guerrillas consistían en el accionar de fuerzas irregulares por detrás de las líneas del enemigo. Consistían en operaciones de sabotaje, hostigamiento y diversión en el territorio controlado por los alemanes. Apuntaban a la dispersión de las fuerzas enemigas, a causarles daños en el abastecimiento.

Las guerrillas del Ejército Rojo no eran el Ejército Rojo.

Las Guerrillas del Ejército Rojo eran fuerzas auxiliares (“formaciones especiales”) operando en un escenario secundario.

La fuerza principal del esfuerzo de guerra –defensiva- empeñado por los soviéticos era el Ejército Rojo, y su escenario principal era la extendida línea del frente que iba desde el Báltico hasta las estribaciones del Cáucaso.

La conducción estratégica del Ejército Rojo residía en el Kremlin, se continuaba en el PCUS, y llegaba hasta los comisariatos politicos integrados a las unidades militares regulares.

Las formaciones guerrilleras eran auxiliares, no eran la fuerza principal, no ejercían la conducción estrategica, no recaía sobre ellas las tareas militares del frente de guerra, ni la defensa de los principales objetivos estratégicos del avance alemán (Leningrado, Moscú, Volgogrado). El centro de gravedad de la gran batalla que libraron los soviéticos no estaba en el escenario de las operaciones de guerrilla.

Por sobre todo, no estaban destinadas a sustituir al Ejército Rojo en algún futuro, no eran el germen de alguna próxima nueva fuerza militar.

¡Y Perón hablaba del Ejército Rojo!

Ya sé, las categorían militares no tienen una correspondencia biunívoca con las categorías del análisis político; Perón, sin embargo, y lo sabemos, pensaba en ése registro.

Perón estaba hablando de política. De la política argentina.

Juro que cuando escuché ése pedazo de la entrevista me sentí iluminado por la superlativa sutileza y profundidad de Perón. Juro que me sentí impactado por la contundente claridad de la analogía, que no daba lugar a otra interpretación. Las correspondencias que pueden establecerse entre los elementos que aparecen en el ejemplo histórico y los actores políticos de la escena contemporánea a la entrevista son de una linealidad tan evidente, sólo posibles de formular por una genialidad política como Perón.

No quiero creer que soy el único en haberse apiolado de ello.

Publicado en  on Noviembre 12, 2009 at 2:40 pm Comentarios (6)

Un Omnitrix para el Justicialismo

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Quien vaya a leer esto, tenga en cuenta la siguiente advertencia: si no tiene guachines –hijos, sobrinos o afines- entre los tres años y la preadolescencia, no va a entender un pomo. Me voy a explayar para que no queden tan en bolas.

Ben 10 es una serie animada que dan por el Cartoon Networks. Trata de las aventuras y desventuras de Benjamin Tennyson (Ben), su prima Gwendolin Tennyson (Gwen) y el abuelo Max Tennyson.

Resulta que Ben sale de vacaciones con prima y abuelo, y en un camping “encuentra” un extraño objeto caído desde el cielo dentro de una cápsula alienígena: el Omnitrix (retengan este concepto), que a primera vista parece similar a un reloj, y se “prende” a su muñeca izquierda cuando acerca su mano para agarrarlo. A lo largo del desarrollo de la serie va descubriendo los extraños poderes del misterioso aparato. ¿Cuáles son?

Bueno, parece que el Omnitrix contiene dentro de sí una variada colección de ADN’s de distintos seres alienigenas, extraterrestres. Activando el aparato, y en medio de un destello de rayos verdosos, Ben se transforma en esos alienígenas. Y tiene sus “poderes”. Son varios los bicharracos, la mayoría bastante grotescos: Fuego, 4 Brazos, Bestia, Ultra T, XLR8, Insectoide, Acuático, Materia Gris, Fantasmático y Diamante (me salieron todos de memoria y sin soplar… he tenido que ver cada capítulo como quichicientas veces).

Luego aparecen más criaturas. Porque uno de los secretos del Omnitrix es que incorpora el ADN de cualquier alienígena que lo toca.

Todos los villanos de la serie (que son abundantes) en algún momento tratan de quitarle el Omnitrix a Ben. Porque el Omnitrix resulta ser el arma más poderosa del universo… quien posea ése aparato, con sus secretos, tendrá a su disposición, a todos los efectos prácticos, una legión de alienígenas a disposición, para usar según su conveniencia.

Pero Ben utiliza los poderes contenidos en el artefacto para hacer el bien. Para combatir a los supervillanos, los malandrines y hasta a los ladrones de poca monta. Aunque… Ben es un preadolescente, y a pesar de ser guiado y aconsejado por la sensatez de su abuelo Max, y la racionalidad de su prima, la nerd Gwen, a veces, a veces… utiliza el poder del Omnitrix para transformarse en alienígenas que le permiten cometer algunas trapisondas, cosas de chico, pequeñas ventajas, prebendas… travesuras.

Todo, todo, pero todo, pensado marketineramente, para asociar las aventuras de Ben a la venta de un incomensurable merchandising. Pero no es el punto.

El punto es cómo funciona el Omnitrix.

El artilugio, creado por Azmuth –un pequeño alienígena que, luego de construirlo se autoexilió a las profundidades de un planeta desconocido- tiene un funcionamiento en apariencia simple. Ben presiona alguno de sus botones, la esfera del aparato se activa, y luego girándolo van apareciendo las siluetas de los diversos alienígenas disponibles, una vez seleccionado uno, un golpe con la palma de la mano sobre la esfera dispara la transformación.

A veces el Omnitrix no funciona exactamente según la voluntad de Ben. A veces Ben selecciona un alienígena pero, misterios del aparato, el resultado es otro. Contingencias que suelen desconcertar al chico. Otro sutil detalle es que la transformación alienígena dura un tiempo limitado, y luego Ben regresa a su condición humana.

Hasta aquí la reseña descriptiva. Ahora vamos a los dos casos que me interesan.

En un episodio Ben conoce a Kevin. Otro muchacho, más grande que Ben y con muchos menos escrúpulos. Sucede que también posee ciertos “poderes”, dados estos por la naturaleza y los accidentes genéticos. Kevin tiene la capacidad de manipular la electricidad, y la utiliza para hacer maldades de variado calibre, grueso a veces. Afanos, venganzas, en fin, es un mal tipo, peligroso, mala junta.

Y Ben, enojado por alguna reprimenda de su abuelo Max, se va de correrías con el fierita, hasta que empieza a meterse en cosas que no le gustan nada. Ben podrá ser rebelde y hasta caprichoso, pero es buena gente. A partir de ahí se pudre su incipiente amistad con Kevin, y éste último, empleando sus “poderes” absorbe algo de las capacidades del Omnitrix.

Obviamente, la tira no pretende dar explicaciones consistentes, es sólo una aventura para que se entretengan los guachines. La cuestión es que la captura de los ADN’s del Omnitrix es caótica, desordenada, porque Kevin no tiene Omnitrix, tan sólo unos precarios poderes de manipulación eléctrica, no tiene el aparato más sofisticado del universo para administar todo tipo de ADN’s.

A la postre, Kevin se transforma en una monstruosidad, una mezcolanza frankensteiniana de todos los alienígenas cuyos ADN poseía el Omnitrix. Un engendro. No tiene manera de administrar todo el poder que da ese aparato. Y si era un pibe jodido, ahora su monstruosidad también es moral. El tipo deviene una bestia sanguinaria, un supervillano deseoso de venganza y de tiranizar a quien se le cruce.

¿Se entendió?

Una más, en un episodio Ben adquiere la formidable capacidad de transformarse a voluntad. Ya no precisa manipular el aparato cada vez que necesita o desea utilizar un ADN en particular, le basta tan sólo con pensar en él, y la transformación, además, dura todo el tiempo que él lo requiere.

Esa notable versatilidad (pragmatismo si prefieren) potencia enormemente su capacidad de combatir a los supervillanos. El aparato funciona perfectamente coordinado con su mente, se transforma precisamente en lo que necesita, y sólo le basta con pensarlo.

De hecho en ese episodio logra dar cuenta de la conjura de los dos supervillanos más despiadados: Kevin (ya lo conocen) y Vilgax, un bicharraco con cara de pulpo que es EL supervillano por antonomasia de toda la serie.

Bueno, espero que haya quedado todo claro, y que los compañeros peronistas que leen esto se hayan quedado convencidos de incorporar a la serie Ben 10 a todos esos ciclos de cine-debate-formación que se suelen hacer por ahí (y que a veces, reconozcámoslo che, son medio tediosos, demasiado solemnes, como con poca onda, viste?).

¿Alguien todavía se pregunta el porqué del título, y que corno tiene que ver toda perorata con el justicialismo?

Puf, no quiero explicarlo todo…

El proyecto de Reforma Política, che, ¡¡¡es evidente!!!

PS: si quieren estudiar más deben clickear AQUÍ.

Publicado en  on Noviembre 10, 2009 at 3:26 pm Comentarios (3)

Hay un lugar [24.10.2009]

 

Camino

Hay un lugar, cuadradito del almanaque
Donde están todos los días dolidos y abolidos
Todos los sábados y domingos de sol en soledad
Las tardes sin ocaso sin nadie que esperara
Están las noches de manos sueltas y vacías
Y todas las mañanas de silencio sepulcral

Hay un lugar desparramado entre los basurales
Donde están todas las flores que nadie regaló
Toda la yerba seca de los mates que se enfriaron
Los restos de todos los almuerzos comidos en un plato
Están hechos un bollo los poemas despreciados
Y está toda esa ropa que la mudanza se olvidó

Hay un lugar en medio del aire quieto
Donde están todas las miradas que no se sostuvieron
Todas las palabras esas que no quisieron ser oídas
El sonido de todos los besos olvidados
Están los silencios implacables e impiadosos
Y están todas las risas ya imposibles de reír

Hay un lugar en algún lugar del agua
Donde están todas las lágrimas que nunca se secaron
Todas las gotas de todos los sudores lustrosos del deseo
Las aguas que jamás debieron ser bebidas
Está la humedad de los besos más feroces
Y están todas las lluvias caminadas de la mano

Hay un lugar, un lugar encerrado en el fondo de las cosas
Donde están todos los objetos perdidos y ordenados
Todos los objetos con nombres y apellidos
Las etiquetas con moño y los envoltorios arrugados
Están todos los pedazos que componen un recuerdo
Y está ese nombre y tantos sin fin depositados

Publicado en  on Noviembre 9, 2009 at 11:51 pm Dejar un comentario

3 sueños

Hoy elucubramos tres sueños, tres escenarios, tres ficciones, alegorías, metáforas.

Bah, me parece que fueron tres, o quizá tengo en memoria las tres que más me gustaron.

Una es puramente mía, y la vengo vendiendo hace bastante (un mes?).

Todos sabemos que el Capitán Ahab, capitán del barco ballenero Pecquod, estaba colifa con que quería atrapar a Moby Dick, la Gran Ballena. El libro me aburrió (cuando tenía 15 años), la peli, vieja peli, con Gregory Peck en el personaje del Conductor Empecinado, es densamente dramática.

La ví hace años, muchos que ya no recuerdo cuántos. Eso es una peli con densidad dramática. Tenés grabadas escenas, tenés grabada una marca de lo que sugería / expresaba / etc. Moby Dick, está por ahí en internel para bajar. Gugleen, véanla.

En el sueño, sueño con la casi última escena de la peli. El Capitán Ahab queda arriba, en el lomo de la ballena, enredado entre las cuerdas de tantos arpones que lleva clavados el animal (sin que nadie pudiera haberla atrapado jamás). Entre ellos el arpón del Capitán Ahab. Y la ballena lo arrastra, los arrastra a todos. Finalmente sucumbe sólo el Capitán, los marineros se salvan en el bote y se toman el olivo en el Pecquod, antes de ver por última vez el grueso cuerpo de Moby Dick emergiendo con el Capitán Ahab atrapado y el rostro desencajado, desorbitado, fuera de sí. Así más o menos es en la peli.

Pero en mi sueño es distinto. El bote queda atado a la cuerda del arpón, y también el Pecquod. Y Ahab al lomo de la ballena. Y ella los arrastra. En la peli soy un marinero más del Pecquod. La ballena nos arrastra, nos sumerge, nos hunde. Todo por seguirlo al Capitán Ahab hasta el último confín de su obsesión. Mi sueño termina así, mientras nos hundimos, mientras los espumarajos de las olas nos devoran, los marineros del Pecquod espantados, pero sin posibilidad alguna de torcer nuestro destino… nos vamos cantando la marchita.

Segundo sueño. Un cortejo fúnebre lleva un ataúd por la calle. Barones y Caciques son los portadores, disputándose las manijas de bronce. Y héte aquí que sucede algo notable. Lo impensado: no lo acompañan sólo hasta la puerta del cementerio, entran al camposanto con paso firme, decidido. Llegan hasta la tumba abierta en la tierra negra. Y vuelve a suceder el absurdo, lo ilógico. Dejan el ataúd en el piso, y uno a uno los Barones y Caciques se arrojan de cabeza dentro de la tumba. Hasta que sólo queda la soledad del camposanto y un sepulturero que cierra sus verjas de hierro. El hombre del ataúd ríe para sus adentro. Afuera hay fiesta en las calles del centro del pueblo.

Tercer sueño. Una conferencia de prensa. El orador habla, profiere, establece, define, convoca. Por detrás de él sentados en el estrado hay un montón de tipos de torvo semblante. No quieren estar ahí. Miran para otro lado. Ocultan sus rostros tras los pocillos de café. No quieren estar ahí. El orador culmina su alocución y se levanta. Un amanuense le alcanza una manguera de extraño aspecto, como las que usaban (en la peli) los bomberos de Farenheit 451. El orador se levanta, toma la manguera, apunta a los tipos sentados detrás de él y los rocía de fuego, de la manguera salen enloquecidas llamaradas. Los tipos comienzan a arder y, como si nada, se levantan de las sillas para sentarse en el piso, ya enteramente en llamas, cruzar las piernas, los codos en las rodillas y prietas las yemas de los dedos, a lo bonzo. El orador finalmente apunta la manguera hacia él mismo y se suma a la hoguera.

Tres sueños. Agitados, ambiguos e inquietantes.

Me despierto sobresaltado, y ahí recuerdo todo lo que hemos discutido sobre los proyectos de reforma polítca, y su consiguiente arquitectura electoral.

Los espectros de los sueños se disipan. Estoy más tranquilo.

Es posible que no salga todo mal.

Publicado en  on Noviembre 7, 2009 at 5:12 am Comentarios (4)