… que pretendí que tuviera vida. Pero ya ves, nene, no siempre se puede, a veces los mejores proyectos quedan en la nada. Y eso que éste, no digo mejor, pero ya decir proyecto era decir mucho.
Así que quedó ahí, medio muerto, por suerte on-line. La vida, las cosas, el tiempo, y todas esas cosas que le gustan decir a José Narosky en aforismos cursis, hicieron que escribiera mucho, de otras muchas cosas, y en otros lugares. Lugares laborales, militantes, lugares de nada especial, otros lugares de internél también (sí PBTA, vos que me conocés sabés de qué estoy hablando).
Pero que las ganas estaban ahí, sí que estaban. ¿Ganas de qué? ¿Ganas de escribir “algo” y ponerlo en la interné? Bueno, más que eso. Como nos enseñó Feinmann José-Pablo “cualquier pelotudo tiene un blog”. Así que si por eso era no íba a cambiar el mundo (tampoco lo vamos a cambiar con las gansadas escritas acá, si acaso el mundo se puede cambiar, ilusos chiquitines).
La cuestión era un poco más sutil. Es como escribí en ése primer post de esta “Mazorca”, era el hastío de las buenas formas. Del debate circunspecto y especioso de los politólogos y sociólogos y todoesoólogos. Oh, una ironía acá! Oh, una alusión elíptica por allí! “Ohohoh, profesor, muy bien lo que acota Usted allí”, “faltaba más licenciado”, “por favor, el merecimiento es suyo”. En fin, ¿se entiende?
Y como dicen por ahí, “salir del closet”, o menos castizo “salir del placard”. No pavito, no me hice puto, guardá el chiste fácil que acá se habla de cosas serias (!?). Hay un mundo de anonimato en la cosa de internel y de los Blós que, digámoslo de una vez, llega un momento que pudre, que llena las pelotas, el simulacro, las idnentidades impostadas…
Psé, sisisí tooodas las indentidades sooon… Bú, obvio, sarasa. Hablo de las particular y abstraída impostación del anonimato blogueril.
Porque lo otro, es decir, esto, salir del placard, poner la caripela, no es moco de pavo, no que no, seguro.
Y es un buen argumento a favor del anonimato pseudonimado (!): hay tal pero tal cantidad de gente colifa dando vuelta por internel, tal pero tal cantidad de gente que pone demasiado en la -llamémosle- comunidad virtual que en torno de sí se construye, que prudentemente resulta conveniente preservarse del vulnerable flanco resultante de exhibir la propia identidad. Más si cuestiones laborales, personales, familiares, etc. Más si uno no está “buscando la vida que en la vida no tiene” en internel. Entonces, tá bien. El anonimato pseudonimado otorga esa libertad. Y también otra, la de decir cualquier disparate infundado -o muy débilmente fundado- con tono de catedrático de Salamanca; la de sostener opiniones extremadas que ni en una reunión de amigos se animaría a decir. Velo, máscara, todo eso.
Lo voy a decir también. Siempre me dió una feroz envidia (sana, che) esa increíble capacidad casi de escritura “automática” de algunos amigazos de por ahí. Es decir, de escribir sin tanto condicionamiento silogístico, sin tanta aparatosidad argumentativa, comentario al pie, referencia bibliográfica, sin esa agobiante necesidad de estólida solidez. Claro, si uno escribe sobre el spin del electrón y pretende que le crean hay que explicar y argumentar. Porque ahí hay oootra cosilla más: la especialización, aburrirse de esa “seriedad” -dada por la temática- y del declive hacia lo monocorde. Un día querés poner un video de Mongo Flores haciendo la vertical en una hamaca paraguaya y hay un gap en que uno se pregunta “che, pero… da?”. Y en ése momento lo que pudo ser un espacio de expresión personal (política, estética, lo que fuera) se transformó y te condiciona. Al fin, aburre. Y si por un omento uno se la cree, que tiene algo así como un “deber ser” hacia sus lectores con respecto al “contenido” y la “calidad” de lo que se publica… fuuu… tamos mal, muy mal.
Así que bueno, a la mierda todo. Ya no preocuparse por cómo quedó el interlineado, que tal link, que “qué me van a decir si pongo aquello”. La verdad que últimamente me estaba enganchando más con el féisbu, esa cosa rara, de micropost y enlaces a loquesea.
Y nomás fue que tenía este blog guardadito, con algunos ensayos de diatribas y petardeos -a esta altura medio oxidados- de los cuales me hago entero cargo. Porque de eso se trata, si un día me levanto con ganas de hacer una defensa del Compañero Firmenich -¡fijáte vos, dijo “compañero”!- capaz que si estoy inspirado lo hago y todo, eh!
Casualmente el medio seudónimo que le había puesto concide con las iniciales de mi nombre y apellido (no pierdas tiempo hipotetizando, si me tenés en féisbu desde ahí linkeo hacia acá, y listo).
¿Leerá alguien todo esto, y lo que aquí caiga? Ni idea, la verdá, me nefrega. Con que a algún amigo le parezca interesante algo de vez en cuando ya está.
Oh, ¿y la estética revisionista de este Blog? Me cabe. Alguna vez me dijeron “che, ¡pero vos sos medio facho!”, a lo que humilde y cordialmente respondí “mmm… puede ser, ¡pero moderado!”.
¿Y ése algún “otro yo” que por algún lado ha andado vueltas? Ni cargo que me hago, que le vaya bien, Dios dirá, no pregunten, porque diré que no sé nada.
He dicho.