
Quien vaya a leer esto, tenga en cuenta la siguiente advertencia: si no tiene guachines –hijos, sobrinos o afines- entre los tres años y la preadolescencia, no va a entender un pomo. Me voy a explayar para que no queden tan en bolas.
Ben 10 es una serie animada que dan por el Cartoon Networks. Trata de las aventuras y desventuras de Benjamin Tennyson (Ben), su prima Gwendolin Tennyson (Gwen) y el abuelo Max Tennyson.
Resulta que Ben sale de vacaciones con prima y abuelo, y en un camping “encuentra” un extraño objeto caído desde el cielo dentro de una cápsula alienígena: el Omnitrix (retengan este concepto), que a primera vista parece similar a un reloj, y se “prende” a su muñeca izquierda cuando acerca su mano para agarrarlo. A lo largo del desarrollo de la serie va descubriendo los extraños poderes del misterioso aparato. ¿Cuáles son?
Bueno, parece que el Omnitrix contiene dentro de sí una variada colección de ADN’s de distintos seres alienigenas, extraterrestres. Activando el aparato, y en medio de un destello de rayos verdosos, Ben se transforma en esos alienígenas. Y tiene sus “poderes”. Son varios los bicharracos, la mayoría bastante grotescos: Fuego, 4 Brazos, Bestia, Ultra T, XLR8, Insectoide, Acuático, Materia Gris, Fantasmático y Diamante (me salieron todos de memoria y sin soplar… he tenido que ver cada capítulo como quichicientas veces).
Luego aparecen más criaturas. Porque uno de los secretos del Omnitrix es que incorpora el ADN de cualquier alienígena que lo toca.
Todos los villanos de la serie (que son abundantes) en algún momento tratan de quitarle el Omnitrix a Ben. Porque el Omnitrix resulta ser el arma más poderosa del universo… quien posea ése aparato, con sus secretos, tendrá a su disposición, a todos los efectos prácticos, una legión de alienígenas a disposición, para usar según su conveniencia.
Pero Ben utiliza los poderes contenidos en el artefacto para hacer el bien. Para combatir a los supervillanos, los malandrines y hasta a los ladrones de poca monta. Aunque… Ben es un preadolescente, y a pesar de ser guiado y aconsejado por la sensatez de su abuelo Max, y la racionalidad de su prima, la nerd Gwen, a veces, a veces… utiliza el poder del Omnitrix para transformarse en alienígenas que le permiten cometer algunas trapisondas, cosas de chico, pequeñas ventajas, prebendas… travesuras.
Todo, todo, pero todo, pensado marketineramente, para asociar las aventuras de Ben a la venta de un incomensurable merchandising. Pero no es el punto.
El punto es cómo funciona el Omnitrix.
El artilugio, creado por Azmuth –un pequeño alienígena que, luego de construirlo se autoexilió a las profundidades de un planeta desconocido- tiene un funcionamiento en apariencia simple. Ben presiona alguno de sus botones, la esfera del aparato se activa, y luego girándolo van apareciendo las siluetas de los diversos alienígenas disponibles, una vez seleccionado uno, un golpe con la palma de la mano sobre la esfera dispara la transformación.
A veces el Omnitrix no funciona exactamente según la voluntad de Ben. A veces Ben selecciona un alienígena pero, misterios del aparato, el resultado es otro. Contingencias que suelen desconcertar al chico. Otro sutil detalle es que la transformación alienígena dura un tiempo limitado, y luego Ben regresa a su condición humana.
Hasta aquí la reseña descriptiva. Ahora vamos a los dos casos que me interesan.
En un episodio Ben conoce a Kevin. Otro muchacho, más grande que Ben y con muchos menos escrúpulos. Sucede que también posee ciertos “poderes”, dados estos por la naturaleza y los accidentes genéticos. Kevin tiene la capacidad de manipular la electricidad, y la utiliza para hacer maldades de variado calibre, grueso a veces. Afanos, venganzas, en fin, es un mal tipo, peligroso, mala junta.
Y Ben, enojado por alguna reprimenda de su abuelo Max, se va de correrías con el fierita, hasta que empieza a meterse en cosas que no le gustan nada. Ben podrá ser rebelde y hasta caprichoso, pero es buena gente. A partir de ahí se pudre su incipiente amistad con Kevin, y éste último, empleando sus “poderes” absorbe algo de las capacidades del Omnitrix.
Obviamente, la tira no pretende dar explicaciones consistentes, es sólo una aventura para que se entretengan los guachines. La cuestión es que la captura de los ADN’s del Omnitrix es caótica, desordenada, porque Kevin no tiene Omnitrix, tan sólo unos precarios poderes de manipulación eléctrica, no tiene el aparato más sofisticado del universo para administar todo tipo de ADN’s.
A la postre, Kevin se transforma en una monstruosidad, una mezcolanza frankensteiniana de todos los alienígenas cuyos ADN poseía el Omnitrix. Un engendro. No tiene manera de administrar todo el poder que da ese aparato. Y si era un pibe jodido, ahora su monstruosidad también es moral. El tipo deviene una bestia sanguinaria, un supervillano deseoso de venganza y de tiranizar a quien se le cruce.
¿Se entendió?
Una más, en un episodio Ben adquiere la formidable capacidad de transformarse a voluntad. Ya no precisa manipular el aparato cada vez que necesita o desea utilizar un ADN en particular, le basta tan sólo con pensar en él, y la transformación, además, dura todo el tiempo que él lo requiere.
Esa notable versatilidad (pragmatismo si prefieren) potencia enormemente su capacidad de combatir a los supervillanos. El aparato funciona perfectamente coordinado con su mente, se transforma precisamente en lo que necesita, y sólo le basta con pensarlo.
De hecho en ese episodio logra dar cuenta de la conjura de los dos supervillanos más despiadados: Kevin (ya lo conocen) y Vilgax, un bicharraco con cara de pulpo que es EL supervillano por antonomasia de toda la serie.
Bueno, espero que haya quedado todo claro, y que los compañeros peronistas que leen esto se hayan quedado convencidos de incorporar a la serie Ben 10 a todos esos ciclos de cine-debate-formación que se suelen hacer por ahí (y que a veces, reconozcámoslo che, son medio tediosos, demasiado solemnes, como con poca onda, viste?).
¿Alguien todavía se pregunta el porqué del título, y que corno tiene que ver toda perorata con el justicialismo?
Puf, no quiero explicarlo todo…
El proyecto de Reforma Política, che, ¡¡¡es evidente!!!
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